Imaginación

Conferencia de Neville Goddard (1969-07-14)


El tema de esta noche es la Imaginación. En el capítulo 17 del libro de los Hechos leemos la historia de Pablo cuando llega a los atenienses, y les hace un llamado porque vio una inscripción una y otra vez. Dijo: “Al pasar, vi también un altar con esta inscripción: ‘Al Dios no conocido’. Al que ustedes adoran sin conocer, a ese yo les anuncio. Él no está lejos de cada uno de nosotros, porque en él vivimos, nos movemos y existimos” (Hechos 17:23, 27, 28).

El gran Blake lo dijo de otra manera. Esto es lo que dijo Blake: “Todo lo que contemplas, aunque parece estar afuera, está dentro, en tu Imaginación, de la cual este Mundo de Mortalidad no es más que una Sombra” (Jerusalem). Luego dijo: “Babel se burla…”. Todos estamos familiarizados con lo que representa Babel: la confusión de lenguas, no dos personas creyendo en el mismo dios. Aún hablando un solo idioma, tienen conceptos distintos del poder creativo del universo. Y así dijo:

Babel se burla diciendo, no hay Dios, ni Hijo de Dios,
que tú, oh Imaginación Humana, oh Cuerpo Divino, lo eres todo,
una ilusión, pero yo te conozco, oh Señor…

Él equipara a Dios y a su hijo con la Imaginación humana. Para él, y también para quien habla, la Imaginación Divina es idéntica a la palabra “Jesús”. Así que, cuando pienso en Jesús, no veo a un ser fuera de mi propia y maravillosa Imaginación humana. ¿No se nos dice en la Escritura: “Para Dios todo es posible”? (Mateo 19:26; Marcos 10:27). También se nos dice: “Todo es posible para el que cree” (Marcos 9:23). Eso es Escritura.

El poder de creer es Dios mismo. Así que Dios en el hombre es la propia y maravillosa Imaginación humana del hombre. Al ser humano le resulta difícil hacer este ajuste, porque ha sido entrenado para voltear hacia afuera, hacia algún dios al que adora. Vamos a la iglesia y la mente se dirige hacia afuera, hacia algún dios, y se pinta una imagen de alguien ante quien debemos doblar la rodilla y persignarnos. Pero eso no es lo que realmente enseña la Escritura. La Escritura enseña que el poder que crea todo el universo no está fuera del hombre, sino dentro del hombre, como su propia y maravillosa Imaginación humana. Ese es el poder creativo del mundo. Todas las cosas existen en la Imaginación humana, así que si la palabra “Dios” te hace voltear hacia afuera, intenta hacer el ajuste dentro de ti y empieza a creer que el Dios de la cristiandad, el Señor Jesucristo de la cristiandad, es tu propia Imaginación. Si todo es posible para Dios, y Dios es tu Imaginación, entonces debe ser posible para ti.

Ahora hago la pregunta. Creo que he explicado de manera suficientemente simple cómo puedes probarlo, cómo puedes entrar en un estado. Creo que lo he dicho de tal forma que la mayoría puede entender que nosotros somos el poder operante. Pero oírlo, recitarlo, memorizarlo, no es suficiente. Tenemos que aplicarlo, porque nosotros somos el poder operante.

Unos días antes de terminar en Los Angeles, me retiré bastante temprano (quizá a las 9:30 o 10:00) y comulgué conmigo mismo. ¿A quién más iba a recurrir? Así que me dije: “He dicho todo lo que he oído desde dentro de mí, todo lo que he experimentado acerca de la Ley lo he contado. He contado lo que he experimentado acerca de la Promesa. ¿Podría decirles algo más sobre la Ley que la haga un poco más sencilla? ¿Qué puedo decir que no haya dicho?”. Entonces le pedí a la profundidad de mi propio ser que me mostrara, que me mostrara exactamente qué podía decir que no hubiera dicho. Pues bien, en las primeras horas de la madrugada, un poco después de las 4:00, cuando venía emergiendo desde las profundidades de mi propio ser, ocurrió esta experiencia: estoy en una nave espacial rumbo a la luna. Ahora bien, todo está en la Imaginación, porque el soñador es la Imaginación, y esa es la causa de todo. Primero, permítanme decir que todo en este mundo contiene en sí mismo la capacidad de tener un significado simbólico. Así que la luna tiene dentro de sí la capacidad de algún significado simbólico. Yo voy rumbo a la luna.

Ahora, han escuchado la expresión una y otra vez: “Ah, está tratando de alcanzar la luna”. Puede ser una ambición basada en el deseo social. Quieres trascender las limitaciones del mundo en el que naciste. O puede ser una ambición financiera, y amigos que conocen tus limitaciones dirán de ti: “Está tratando de alcanzar la luna”. O puede ser algún tirano tratando de conquistar la tierra. Hemos tenido a Hitler, a Stalin, a Alejandro Magno y a Napoleón. Todos ellos buscaban conquistar la tierra, estaban tratando de alcanzar la luna. Ahora estamos realmente al borde de poner un pie en la luna, así que vamos a llegar a ese objeto en el espacio.

Pero olvida esa parte. Yo estaba pidiendo luz para poder arrojar luz sobre la Ley, sobre cómo realizar mi objetivo en este mundo de una manera más simple de lo que hasta ahora he logrado explicar, y esta es la visión: estoy en esta nave y voy rumbo a la luna. Hay otros en la nave conmigo. En lugar de aterrizar en la luna, entré dentro de la luna por un túnel muy, muy grande, un túnel más ancho que la profundidad de este salón. El objeto está muerto, tan muerto como puede estarlo. Le digo a alguien en la nave: “¿Puedo bajarme?”, y él dice: “Claro”. Me bajé sobre este cuerpo muerto en el espacio, la luna. Había pequeños objetos a la venta, objetos hechos en la tierra y colocados en la luna para venderse a los turistas. Eran baratos, baratos más allá de toda medida, hechos de barro: tazas pequeñas, platitos, platos pequeños, adornos, pero de lo más barato. No puedes imaginar nada más barato en apariencia y en calidad. Ahí estaban, hechos en la tierra para venderse en la luna, como un puesto de feria. Los tomé, los examiné, y pensé: “Aquí, a casi cuatrocientos mil kilómetros de distancia, el hombre hizo estas cosas y las puso en la luna para venderlas a los turistas”. ¿Cuál era el significado de la visión? Todas las ambiciones del hombre son como barro. Todas se convertirán en polvo.

Un hombre murió aquí el otro día en Texas. Empezó como un muchacho pobre y dejó una herencia de quinientos millones de dólares, pero dejó la herencia. Había llegado a la buena y madura edad de setenta y cinco años, pero dejó hasta el último centavo. Y los que ahora tienen miles de millones dejarán hasta el último centavo, como si todo fuera polvo. Sin embargo, yo me había hecho la pregunta, y la profundidad de mi propio ser respondió: entonces, ¿cuál es el significado del sueño? Dile al hombre no que no deba tener lo que quiere, claro que debe tenerlo; de todos modos lo va a soltar, pero puede obtenerlo. Entonces, ¿qué otro punto se me quedó grabado? Este es el punto: en lugar de aterrizar en la luna, entré en la luna.

Blake hace esta afirmación: “Si el espectador pudiera entrar en las imágenes de su Imaginación, acercarse a ellas en el carro de fuego de su pensamiento contemplativo, si pudiera hacer amigo y compañero a cualquiera de esas imágenes en su Imaginación…”. Él enfatiza “entrar en la imagen”, no contemplarla como algo que está afuera. Yo ahora contemplo la ciudad de New York. La estoy viendo desde San Francisco. Si mi deseo esta noche es estar en New York, digo que no puedo darme el tiempo, o quizá no puedo pagarlo por falta de dinero, o quizá mis compromisos me atan aquí, no lo sé, pero mi deseo es estar en New York. Debo, si quiero realizarlo a pesar de las limitaciones que ahora me rodean (dinero, falta de tiempo, obligaciones, llámalo como quieras, yo aún quiero estar en New York), debo entrar en la imagen que ahora es algo en la superficie de la mente, “allá afuera”, a casi cinco mil kilómetros. Estando aquí, debo cerrar la creencia de que estoy en San Francisco.

Conociendo bastante bien New York, asumiría que estoy de pie en una parte muy familiar de New York y dejaría que me rodee. Debo estar ahí, y entonces pensar en San Francisco. Ahora debo verlo a casi cinco mil kilómetros al oeste de mí, así como ahora veo New York a casi cinco mil kilómetros al este de mí. Si entro en ese estado y habito en él y lo hago natural, aunque permanezca en él solo un poco, un minuto más o menos, entonces abro mis ojos y me sorprendo al encontrarme todavía aquí. He regresado aquí. Pero ya lo he hecho. He entrado en el estado de mi deseo y me moveré a través de un puente de incidentes, una serie de eventos que me llevará y me obligará a hacer el viaje a New York.

Ahora bien, he usado esto solo como un ejemplo espacial. Puedes tomarlo en el sentido financiero, puedes tomarlo en el mundo social, puedes tomarlo de cualquier manera. Eso fue lo que me llegó unos días antes de que cerrara. Porque si pudiera encontrar algo más simple que decirles de lo que creo que ya les he dicho, sería esto: entrar en el estado y no simplemente pensar en el estado. Pensar desde él es diferente a pensar en él. Debo aprender a pensar desde él. Un hombre que esta noche entra en un millón de dólares, desde ese momento ese hombre se da cuenta de que tiene un millón, cuando antes no tenía nada. Está pensando desde la conciencia de tener un millón de dólares. No está pensando en ello; está caminando en la conciencia de tener un millón de dólares. No lo está esperando, no lo está deseando; realmente está en ello. Eso es lo que la visión me reveló.

Aunque al final de mi viaje dejaré mis cosas atrás, y todas serán como si estuvieran hechas de barro, y además, de barro barato, todo hombre, sin saber esto, de hecho, ¿cuántos lo saben o les importa saberlo?, todavía quiere realizar sus sueños terrenales, y yo estoy totalmente a favor de eso; yo lo enseño. Pero no puedo cambiar la Promesa. La Promesa está fija. Es algo que le llegará a todo ser en este mundo, porque ha sido predeterminado. Pero mientras estamos aquí, en este mundo del César, puedo amortiguar los golpes, los golpes inevitables, aprendiendo la técnica de la Ley y cómo aplicarla, cómo usarla.

Ahora, aquello que cité antes, Blake dijo en esta cita de “Jerusalem”: “Aunque no te contemplo…” Bueno, aquí es perfectamente cierto; no observo los actos de imaginar como observo los objetos. Imaginar es la realidad a la que llamamos este poder llamado Dios. Así que no observo el imaginar; observo los objetos, pero no observo el poder que hay en ellos. Ese es el mayor secreto del mundo.

El secreto de imaginar es el secreto de Dios. Cualquiera que lo encuentra, encuentra poder supremo, sabiduría suprema, deleite supremo. Todos deberían aspirar a este secreto y tratar de desentrañarlo, porque lo que sea que descubras sobre tu propia y maravillosa Imaginación humana, lo estás descubriendo acerca de Dios, porque tu Imaginación y Dios son uno y lo mismo. No hay otro Dios. Te imaginaste a ti mismo dentro de este mundo, y te imaginarás fuera de él.

Viniste al mundo con un propósito, y cuando el propósito se cumpla te desprenderás de él y regresarás al ser que eras antes de tu descenso a este mundo. “El hombre es todo Imaginación, y Dios es el Hombre, y existe en nosotros, y nosotros en Él. El Cuerpo Eterno del Hombre es la Imaginación, y eso es Dios mismo.” (Blake)

Ahora, no estoy diciendo que sea lo más fácil del mundo para ti aceptar esto. Para quienes nunca lo han escuchado antes, llegará como blasfemia. Llegará como un golpe, un golpe terrible, cuando el hombre que ha sido entrenado para creer en un Dios externo ante quien se inclina, a quien le reza, descubre que Él no está afuera en absoluto. Como se nos dice en la Escritura: “¿No saben que ustedes son el templo de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?”, y Dios es espíritu (1 Corintios 3:16). Bueno, si Dios es espíritu y su espíritu habita en ti, no puedes dividirlo en diferentes clases de espíritu. Dios es espíritu, y su espíritu habita en mí. Ahora, si su espíritu habita en mí, trato de descubrir qué es ese espíritu en mí al que puedo llamar con otro nombre más íntimo. Pues bien, lo he encontrado, y el espíritu de Dios, que es Dios mismo en mí, es mi Imaginación. Y si todo es posible para Dios, y si tan solo puedo creer que todo es posible para mí, entonces depende completamente de mí descubrir cómo creerlo.

Yo imagino, igual que tú. No podemos imaginar de manera diferente. Toda la diferencia está en el contenido. Así que mi respuesta a la eterna pregunta: “¿Quién soy yo?” determinará las circunstancias de mi vida. ¿Quién soy yo? ¿Soy el pequeño que nació en una islita desconocida, sin antecedentes sociales, intelectuales ni financieros? ¿Debo aceptar las limitaciones del nacimiento? Bueno, la mayoría de las personas lo hacen. Pero, ¿he leído la Escritura? ¿Leí las palabras que dicen que soy el templo del Dios viviente, que el espíritu de ese Dios habita en mí, y que todo es posible para ese Dios? Entonces no debo permitir que nada interfiera con mi descubrimiento de ese espíritu en mí que es llamado el “Espíritu de Dios”, porque si todo es posible para Él y Él habita en mí, debo hacer todo esfuerzo por localizarlo.

Pues bien, lo he localizado, y es mi Imaginación. Y no difiero de ninguna persona nacida de mujer. La Imaginación en cada uno es Dios. Pero si han sido entrenados para creer en su pequeño ser y en su propia y diminuta Imaginación, la gente dirá: “Oh, eso es solo su imaginación”.

Vamos a la luna. Un hombre lo imaginó hace cien años, Jules Verne. Incluso imaginó la nación que lo haría. Dijo que el ingenio yanqui, sus ingenieros, idearían los medios para llegar primero. Escribió eso hace cien años, y no importa cómo otros lo intenten, nosotros llegaremos primero. Estamos al borde de lograrlo, pero alguien tuvo que imaginarlo primero. Lo que ahora es verdad, antes fue solo imaginado.

Estamos en una habitación. Parece tan real. Pues bien, esto alguna vez fue solo imaginado. Llevas vestidos, llevas todo tipo de cosas, pero primero tuvieron que ser imaginadas. Vas con el sastre o con tu costurera y eliges el material que te gusta. Es solo un pedazo de tela. Luego le dices a tu costurera, o yo le digo a mi sastre, qué tipo de traje quiero. Así que le permito, con su conocimiento técnico, tomar mi visión del tipo de traje que quiero. Habiendo elegido el material, él lo ejecuta. Ahora, ¿qué es lo que después se prueba cuando me lo pongo? Que primero solo fue imaginado. Un hombre imagina un deseo, digamos, de riqueza. Cuando se vuelve rico, puede olvidar los medios por los cuales llegó y pensar que todas las fuerzas externas que se usaron para lograrlo son las causas. Tuvieron que desempeñar el papel que desempeñaron porque él imaginó lo que imaginó.

Así que no difiero de ti ni de ningún ser en el mundo en el acto de imaginar. La única diferencia tiene que estar en el contenido de mi imaginar. ¿Qué estoy imaginando? Si imagino algo pequeño y siento lástima por mí mismo, muy bien, la vida probará que tenía toda la razón del mundo para sentir lástima por mí mismo, porque los golpes vendrán a mí. Y me volveré contra el que dio los golpes y lo culparé a él o los culparé a ellos, cuando la culpa, si es que hay alguna, está en mí mismo; porque si no hubiera imaginado lo que he imaginado, no podría encontrar las condiciones que encontré. Esta es la Ley de la Escritura.

Se nos dice: no se engañen. “No se dejen engañar: Dios no puede ser burlado”. Dios es tu Imaginación; no puede ser burlado. “Todo lo que el hombre siembre, eso también cosechará” (Gálatas 6:7). Bueno, ¿qué estoy sembrando? Estoy sembrando todo lo que estoy imaginando. Eso es lo que estoy sembrando, porque lo único que puedo “sembrar” es lo que imagino. Entonces, ¿voy ahora a cambiar de un dios externo al Dios interno, y encontrarlo en mí mismo como mi propia y maravillosa Imaginación humana? Que Babel grite y diga que no hay Dios. Que Babel diga que no hay Hijo de Dios. Entonces viene esa maravillosa declaración del profeta, que ve esto: “Tú, oh Imaginación Humana, Cuerpo Divino llamado mi Imaginación Humana, el Cuerpo del Señor Jesucristo, enterrado en mí”. Y si no estuviera enterrado en mí, ni siquiera podría respirar, no podría pensar. Pero un día se levantará en mí, y a medida que se levanta en mí, yo soy, yo soy Él ahora, pero no lo sé. Cuando se levanta en mí, lo sé entonces, porque yo me levanto, no “Él” se levanta. Él se ha convertido en mí hasta el punto de que no somos dos; somos uno.

Así que Él sufre con nosotros. Yo digo: “Tengo dolor”. Bueno, su nombre es “Yo Soy”. Esa es mi Imaginación. No digo: “Mi cuerpo está llorando”, digo: “Estoy llorando”. No digo: “Mi cuerpo está cansado”, digo: “Estoy cansado”. Entonces, ¿no tiene razón Blake cuando dice: “Tú sufres conmigo”? Aunque no te contemplo… no puedo verte realmente como algo externo. No podría, por la eternidad, verme a mí mismo como algo externo. Solo debo verme por reflejo, y el mundo refleja sin devoción lo que estoy haciendo dentro de mí. Llegará el día en que realmente me veré a mí mismo, pero no como algo externo a mí. Me conoceré solo por razón del Hijo que se para frente a mí y me llama “Padre”. Entonces estaré mirando directamente el rostro del Hijo de Dios, y Él me llamará “Padre”. Entonces, y solo entonces, sabré quién soy.

Todos tendrán esa experiencia. Un día realmente verás al Hijo de Dios, y esta relación es algo tan profundo y tan real que no hay ninguna duda en ti cuando eres confrontado. Él se para frente a ti, tú lo ves, y sabes que es tu hijo, y él sabe que tú eres su padre, y no hay ninguna duda. Solo entonces sabes quién eres, que eres Dios el Padre. Todos, un día, tendrán esa experiencia, todos. Yo hablo desde la experiencia; no estoy teorizando, no estoy especulando. Pero hasta que ese día llegue, descubramos a Dios dentro de nosotros como nuestra propia y maravillosa Imaginación humana, y entonces probémosla. “Porque para Dios todo es posible; y todo es posible para el que cree” (Marcos 9:23).

Bueno, puedo creer, pero ¿he hecho que todas las cosas se cumplan? Si esa afirmación es verdadera, entonces solo puede ser por mi falta de creencia. Entonces, ¿cómo creer cuando la razón lo niega, cuando mis sentidos lo niegan? Así que la razón no puede ser el Dios del que hablo, porque la razón lo negará. La duda no puede ser el Dios del que hablo, porque en las Escrituras a la duda se le llama el diablo, “el demonio”, y él solo halla descanso en la Imaginación humana, en la Imaginación que lo entretiene, ahí es donde él se queda. Si no doy lugar en mi Imaginación a la duda, entonces voy por el camino de aprender el arte de creer.

¿Cómo creer cuando la razón lo niega, cuando mis sentidos lo niegan? Bueno, entrar en la imagen es la cosa más deliciosa del mundo. Puedes intentarlo esta noche cuando entremos en el silencio. Inténtalo de la manera más sencilla: ponerte en otro lugar haciendo que “allá” sea aquí, haciendo que “entonces” sea ahora. Y puedes hacerlo. No es difícil si lo intentas.

Permíteme repetirlo: nosotros somos el poder operante. Saberlo es una cosa y hacerlo es otra. Y en el momento en que lo intentas, puedes hacerlo. Pero entonces, espera. En el momento en que lo haces y abres los ojos, en un abrir y cerrar de ojos estás de regreso aquí, y te dirás a ti mismo: “No hice nada; solo hice una cosita en mi Imaginación. ¿Cómo en la tierra podría eso producir el resultado, cuando solo he asumido que ya lo hice?”. Bueno, espera y verás si no aparece rápidamente un pequeño puente de incidentes que te obligue a cruzar ese puente de incidentes hacia el cumplimiento de lo que ya hiciste. Funciona de esa manera. Y después de que lo hayas comprobado, el mundo entero puede levantarse en oposición y no te hará ninguna diferencia, tú ya lo hiciste. Después de que lo has hecho, sigues haciéndolo y te arraigas cada vez más en quién es Dios en realidad, y caminarás con la cabeza en alto, caminarás como se debe caminar, como alguien en quien Dios habita.

No hay lugar en el mundo más santo que donde tú estás, porque dondequiera que tú estés, Dios está ahí. No hay iglesia construida con manos humanas comparable al templo de Dios, y “vosotros sois el Dios viviente, y el Espíritu de Dios mora en vosotros” (1 Corintios 3:16). ¿Qué templo en este mundo, hecho con manos humanas, podría compararse con este templo, cuando ninguna mano podría hacerlo? Llega al mundo, y es un templo del Dios viviente.

Pero, de nuevo, si esta es la primera vez que escuchas un pensamiento de esta naturaleza, si es la primera vez que estás expuesto a ello, no te estoy diciendo que no sea un impacto ni que no sea difícil de aceptar. No es difícil de comprender, pero sí es difícil de aceptar, después del entrenamiento que la mayoría de nosotros aquí hemos tenido. Yo sé que así fue para mí. Fui criado en un hogar cristiano ortodoxo muy maravilloso, donde la escuela dominical era obligatoria, no una vez por semana, sino dos veces por semana; dar gracias en la mesa, mi madre leyéndonos las Escrituras e interpretándolas según su concepto, que era un concepto secular. Para ella, la Biblia era historia secular, cosas que realmente sucedieron en su mundo. No se daba cuenta de que ella, al igual que el vasto mundo entero, estaba confundiendo la personificación con personas, el vehículo que transmite la instrucción con la instrucción misma, y la perspectiva burda con el sentido último que se pretende. Pero mi madre fue criada así, y salió de este mundo con esa creencia. Así que, cuando me expusieron a esto a la edad de veinte o veintidós años, confieso que no podía dormir. Era tan completamente diferente que me volteó por dentro. Me preguntaba si había hecho mal en visitar a este amigo. Me preguntaba, ¿qué diablos he hecho? Me sentía un ser pecaminoso solo por entretener el pensamiento. Tuve que luchar conmigo mismo, y finalmente, cuando lo puse a prueba y se probó a sí mismo en la experiencia, entonces supe que lo había encontrado. Pero no puedes encontrarlo y no compartirlo con otros, como se nos dice en las Escrituras: Felipe lo encontró y fue y lo compartió con Natanael. Andrés lo encontró y fue y lo compartió con su hermano, Pedro. Pedro no lo encontró; su hermano lo encontró y luego lo compartió con él (Juan 1:40-46). Así que aquí, lo encontramos y lo compartimos. Yo lo he encontrado. Todo lo que puedo hacer es compartirlo, con la esperanza de que tú lo aceptes.

Sé esto: si crees hasta el punto de la aceptación, la vida será maravillosa para ti, perfectamente maravillosa, porque este es el único secreto en el mundo que todos deberían aspirar a resolver, porque Dios es ese puro imaginar en nosotros mismos. Él subyace a todas nuestras facultades, incluida nuestra percepción, pero fluye hacia nuestra mente superficial con el menor disfraz en la forma de fantasía productiva. Yo me siento aquí y tengo una ensoñación. Bueno, eso es Dios en acción, pero entonces alguien la interrumpe y la olvido. No la ocupé; simplemente tuve una ensoñación, pero sin ocupación. Esa es una de las mayores falacias del mundo, la construcción perpetua. Es una ensoñación, ocupación diferida. No la ocupo, no entro en ella ni la poseo ni la hago mía. Si yo, en mi Imaginación, pudiera entrar de lleno y poseerla y hacerla mía… si yo, en mi Imaginación, pudiera entrar de lleno y poseerla y vestirme con el sentimiento del deseo cumplido, realmente vestirme con él asumiendo que ya está hecho ahora, hasta que me sienta natural en esa asunción, y esa asunción, aunque en este momento sea negada por mis sentidos, si se persiste en ella se endurecerá en hecho [una afirmación hecha por Anthony Eden en el Guild Hall cuando era Primer Ministro de Inglaterra]. Así que este es nuestro gran secreto con respecto a imaginar.

Si esta noche lo dudas, solo te pediría que no lo niegues hasta el punto de no intentarlo, sino que lo mantengas en suspenso y lo intentes ahora. Solo inténtalo, incluso si quieres refutarlo. Te digo que no lo vas a refutar. En el intento de refutarlo, lo vas a probar. Y entonces, lentamente, llegarás a aceptarlo por completo, y entonces caminarás en la compañía de Dios. No tendrás que esperar al domingo por la mañana para encontrarte con Él en una iglesia, ni a ninguna hora del día. No importa dónde estés, podrías estar de pie en un bar disfrutando una bebida, divirtiéndote en un baile, y estás en la compañía de Dios. No hace ninguna diferencia dónde estés una vez que conoces a Dios, y Dios es tu propia y maravillosa Imaginación humana. Y te volverás extremadamente discriminante, porque sabrás que no puedes entretener estas ideas con aceptación completa y no cosecharlas en tu mundo. ¿Y quién quiere cosechar lágrimas para siempre? Así que te vuelves cada vez más selectivo. No pienses ni por un segundo que vivirás una vida desordenada. No. Te convertirás en una persona mucho más maravillosa en el mundo. Escuchas un chisme, no te interesa.

Hoy, en el periódico de la mañana, muchas personas fueron directamente a la columna de chismes y se preguntaron quién vive con quién, y les encanta. No conocen a esas personas, y van y repiten lo que a alguien le pagan por imprimir, porque es como asomarse por el ojo de la cerradura de la puerta de otra persona. Él no puede conservar ese trabajo si no lo hace. Le pagan por ser un sabueso del chisme, y la gente lo lee. Otros solo leen las esquelas para ver quién se murió. Tú no leerás esas páginas. Simplemente, de pronto, morarás en las cosas nobles. Y no solo lo harás por ti, tu círculo se ampliará. Pensarás en un amigo, y si está angustiado, lo representarás para ti mismo como te gustaría que fuera. Si está desempleado, lo representarás para ti mismo como bien empleado. Si gana menos de lo que realmente se necesita para vivir bien en este mundo con sus obligaciones, lo representarás para ti mismo viviendo bien y ganando un ingreso decente y asumiendo plenamente la responsabilidad de su trabajo, y lo impulsarás en el ojo de tu mente. Así amplías tu círculo. Es algo que se va perpetuando; incluyes a todos, porque, finalmente, “todo lo que contemplas, aunque parezca estar fuera, está dentro, en tu Imaginación, de la cual este mundo de mortalidad no es sino una sombra” (Blake, “Jerusalem”).

Así que no puedes excluir a nadie. Si excluyes a uno, es tu propio fracaso. Pero no te sientas a trabajar con esa persona para que sea así. Simplemente asumes que ya es así. Lo siembras tan suavemente como si sembraras un campo. No sales a pisotearlo, siembras el campo y brota.

A esto es a lo que me refiero con “Imaginación”. Yo identifico mi propia y maravillosa Imaginación humana (cuando digo “yo”, hablo de todos, porque todos imaginan), así que identifico nuestra Imaginación con Dios. Para mí, ese es el Señor Jesús. Él está sepultado en nosotros, y un día resucitará en nosotros, no como algo externo a nosotros mismos, sino que resucitará en nosotros como nosotros, después de que hayamos pasado por los hornos de la experiencia en este mundo del César.

Ahora bien, no hay lugar para una muerte final con Cristo en el hombre, porque Cristo resucita. Tú te despides de un amigo que ha pasado por la puerta que llamamos “muerte”, pero él no puede morir. Nada muere en este mundo, porque Dios es Dios de vivos. Nada muere, porque el tú inmortal no puede morir, y el tú inmortal es mucho más real que la vestidura de carne y sangre que usa en el mundo del César. Este es el límite de contracción con un propósito, pero cuando esto se quema en el horno (es decir, cuando es cremado), tú, el ocupante, no eres quemado en el horno. Tú eres restaurado, vestido como estás ahora, solo que el cuerpo es joven, no un bebé, sino un cuerpo joven, de unos veinte años. Yo los encuentro todo el tiempo, y son jóvenes, aunque cuando me despedí de ellos por la puerta de la “muerte”, tenían setenta u ochenta (mi padre tenía ochenta y cinco cuando se despidió, mi madre sesenta y uno). Yo los encontré en sus veintes. Yo soy mucho, mucho mayor. Lo soy. Me los encuentro, y ellos crecen. También crecen allá, no se quedan en los veinte. Allá también creces, y tienes los mismos miedos que aquí; y allá también te casas, y allá también luchas, y allá también mueres, para encontrarte restaurado una vez más. Y el viaje continúa hasta que resucitas.

La resurrección es una salida de esta era hacia esa era llamada “el reino de los cielos”, pero solo cuando Él en ti resucita como tú, dejarás este mundo del César. Pero mientras estés en él, ¿por qué no aprender su ley, si los golpes son inevitables? Aprende la ley, para que puedas amortiguar los golpes. Así que, cuando sé lo que quiero para aliviar los problemas del momento, entonces lo aplico, y aplico este principio a cualquier cosa en mi mundo. Y el principio es este: primero, empiezas con el deseo. ¿Quién desea? Pues yo. ¿Y quién es “yo soy”? Ese es Dios. “Ese es mi nombre para siempre y por los siglos”, como se nos dice en el libro del Éxodo: “Ve y diles: Yo Soy me ha enviado. Este es mi nombre por todas las generaciones, por siempre y para siempre” (Éxodo 3:15). Entonces, ¿quién siente? Yo soy. Pues ese es Dios. ¿Quién desea? Yo soy. Pues ese es Dios, y “todo es posible para el que cree” (Marcos 9:23). Muy bien, empieza justo ahí.

¿Podría yo seguir deseando si ya lo tuviera? No, no podría. Si yo quisiera este salón para dar conferencias cuando vine aquí, y luego recibí confirmación de la administración de que se me permitía hablar en el Marines’ Memorial por diez días, y las fechas quedaron establecidas, ¿podría escribirles una segunda carta rogándoles? ¿Podría de alguna manera seguir esperando después de haberlo realizado? No. Simplemente camino en la suposición de que ya lo tengo. Así que, cuando solicité tener este salón para diez charlas, se me concedió, y desde entonces ya no tuve más deseo por él. El deseo se realizó. Tuve que esperar el tiempo normal, el intervalo de un mes (bueno, fue hace un mes que lo acepté). Luego vine un mes después para cumplirlo. Pues lo mismo es cierto en todo lo que haces en este mundo. Simplemente te atreves a asumir el sentimiento del deseo cumplido hasta que se vuelve natural, hasta que adquiere el tono de realidad, y cuando lo hace, está hecho. Y ahora, confía en Dios. ¿Y quién es Dios? Tu propia y maravillosa Imaginación humana. ¿Lo imaginaste? Pues ese es Dios. Ahora confía en él. No te vuelvas hacia ningún poder externo.

La iglesia acaba de degradar algo así como a cien santos, después de haber hecho fortunas vendiendo pequeñas imágenes de ellos. Me pregunto cuántos todavía llevan a San Nicolás. Lo trataban como santo. Es como tratar a Santa Claus como santo. Y todos estos santos, el santo del camino para protegerte de un accidente, ahora dicen que nunca existió. Si nunca existió, ¿por qué empezaron con eso? Y, sin embargo, hace cientos de años empezaron con este disparate, así que se vendieron incontables millones de estas pequeñas imágenes, pequeñas medallas. En el sur, nuestro cardenal admitió que a decenas de miles de estas medallitas él les había puesto su sello de aprobación, el sello del cardenal, en el reverso de la medalla. Cuando le preguntaron: “Bueno, ¿ahora se arrepiente?”, él dijo: “No, en ese entonces era aceptable y lo hice de buena fe”. Pero quien haya iniciado ese disparate lo hizo por razones comerciales, y ganaron incontables millones, cientos de millones, vendiéndolas a las multitudes. ¿Y cuántos millones de personas las usaron y todavía las usan, y él nunca existió? Las montan en la parte frontal de su auto, en sus camioncitos, en sus bicicletas, y ahora, descubrirlo a estas alturas…

Yo he salido con estos amigos míos a recibir a tres muchachos que regresaron de la guerra. Uno era marine; perdió un pie y tenía un brazo completamente destrozado. Su hermano iba a entrar al sacerdocio, y regresó sordo; él estaba en el ejército. Otro estaba en el ejército; regresó con tuberculosis. Y su madre me dijo con toda inocencia (y ellos estuvieron de acuerdo con la madre): “De no haber sido por San Cristóbal, no habrían regresado”. Ella realmente lo creía. Y ellos lo creían. Uno llevaba tres años preparándose para el sacerdocio cuando estalló la guerra, y pensó que era mejor servir a su país que hacerse sacerdote. Luego, cuando salió, lo dejó por completo, se casó y ahora tiene una linda familia. Pero él lo creía, y ellos lo creían, y el padre y la madre lo creían.

Me atendieron muy bien, pero sabían que yo no estaba a salvo porque era protestante. “Cristiano” no significaba nada para ellos, porque o eras católico romano o no eras cristiano. Así que le dije a mi esposa: “¿Qué van a pensar cuando descubran que no soy católico romano?”. Ella dijo: “No importa realmente. Me quieren mucho, y yo tampoco lo soy. Saben que tú no puedes salvarte de todos modos, así que ¿qué?”. Así que todos salimos y la pasamos bien. Mi esposa fue muy, muy honesta al respecto, por la sencilla razón de que su padre era el amigo más cercano de esa familia.

Y estos regresaron: uno sin un pie, con el hombro destrozado. Pues yo también estuve en el ejército, no tanto tiempo como estos muchachos, pero yo no regresé hecho pedazos. Yo usé este principio para salir del ejército, y salí con baja honorable. No me escapé. El mismo que dijo “no” a mi solicitud fue el mismo coronel que me llamó nueve días después de que empecé a aplicar este principio. Lo hice de manera muy simple. Me decidí a que quería salir del ejército, y luego pensé: si ya estuviera fuera, ¿dónde estaría? Bueno, no estaría aquí cargando ollas y haciendo todas estas cosas en el ejército y recibiendo entrenamiento. Sería un civil en New York, en mi propio departamento, con mi hijita y mi esposa. Mi hijo era marine y ya estaba en Guadalcanal. Se alistó voluntariamente con mi consentimiento, porque no tenía más de diecisiete cuando le di permiso para unirse a los Marines. Pero después de probar la vida del ejército, yo no quería saber nada de eso. Yo tenía treinta y ocho. Así que simplemente asumí que era un civil viviendo en New York con mi esposa y mi hijita (que solo tenía unos meses), y el mismo coronel que había rechazado mi solicitud me mandó llamar y me dijo: “Goddard, ¿todavía quiere salir del ejército?”. Yo dije: “Sí, señor”. Me hizo mil preguntas, y a cada una le respondí: “Sí, señor”. Entonces dijo: “Muy bien, tráigame una nueva solicitud”, y ese mismo día me dieron la baja honorable y me subí a un tren rumbo al cumplimiento de mi sueño.

Yo simplemente sabía lo que quería; no le pedí permiso a nadie. Me fui a dormir en el cuartel, con todos los muchachos alrededor. No les dije lo que estaba haciendo. Para ellos, yo estaba durmiendo en esa litera. Para mí, yo estaba durmiendo en la ciudad de New York. Me acosté físicamente en una litera, pero en mi Imaginación, en mi propia cama en la ciudad de New York. Cuando pensaba en Camp Polk, Louisiana, estaba muy al sur, y yo estoy aquí arriba en la ciudad de New York. Y luego, el mismo hombre que desaprobó fue el que en realidad me concedió la baja honorable.

Estoy hablando desde la experiencia; no estoy teorizando. No lastimé a nadie, nadie fue perjudicado por mi aplicación de la Ley de Dios. ¿No se nos dice: “Todo lo que deseen, crean que ya lo han recibido, y lo recibirán”? Lo leerán en el capítulo 11 del libro de Marcos: “Todo lo que deseen…”. Él no dijo: si es bueno para ustedes. Nos deja completamente a nosotros tomar la decisión. De hecho, nos da a conocer la ley y nos deja con nuestra decisión. Así que yo quedé con mi decisión. Yo quería salir. El coronel no podía decirme nada que me persuadiera a cambiar de opinión. Si él hubiera dicho: “No”, eso habría sido definitivo; no podía apelar a algún escalón superior. Solo podía llevarlo con mi oficial al mando. Bueno, él era mi oficial al mando, y lo desaprobó. Pues bien, regresé, tenía el papel en la mano: “Desaprobado”. Me fui a la cama, sin su permiso, y dormí en la ciudad de New York. Me fui a la cama sin que nadie en el cuartel supiera lo que estaba haciendo. Ellos vieron a un hombre llamado Neville Goddard durmiendo en esa litera, pero no sabían que yo no estaba ahí, porque ¿dónde podía estar, sino en la Imaginación? Si no estoy durmiendo aquí en Imaginación, no estoy aquí. Tú ves la vestidura que estoy usando, pero tendrías que descubrir dónde estoy en Imaginación para saber realmente dónde estoy. Puedes ver la vestidura, pero ¿la vestidura es el hombre? Yo estaba durmiendo en la Imaginación, que es Dios, y “para Él todo es posible”. Bueno, entonces, “Él” cambió la decisión del coronel. Cambió su mente. ¿Quién es “Él”? Mi Imaginación.

Dios es uno. No hay millones de pequeños dioses corriendo por ahí. Solo hay un Dios. “Oye, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor uno es” (Deuteronomio 6:4). No busquen un segundo dios; no hay segundos dioses. Y ese único Dios se convirtió en humanidad, y en el hombre ese único Dios es la propia y maravillosa Imaginación humana del hombre, ese único Dios. Así que es el Uno hecho de muchos, y eso es exactamente lo que significa la palabra Elohim. La palabra que se traduce como “Dios” en la Escritura es Elohim, y Elohim es una unidad compuesta. Es una palabra plural, uno hecho de otros. Nosotros somos los “otros”, y todos colectivamente formamos al único Señor, que es llamado “Yo Soy”. Bueno, ¿acaso no sabes que tú eres, y no dices: “Yo soy”? Eso es Dios. ¿Y no puedes imaginar? Bueno, imaginar es Dios en acción. Entonces, ¿qué estás imaginando? Tú lo determinas. Porque, como dije antes, yo imagino, igual que tú. No podemos imaginar de manera diferente. Todas las diferencias están en el contenido. ¿Cuál es mi respuesta a la pregunta eterna: “¿Quién soy yo?” Esa respuesta determina las condiciones de mi vida.

¿Soy un pequeño ser desconocido, luchando por un dólar para pagar la renta, para comprar comida? Bueno, muy bien, eso es lo que me va a pasar. ¡Y no hay ningún ser afuera que lo cambie! Tengo que provocar el cambio dentro de mí. Puedo pedir prestado dinero y rogar por dinero, y si permanezco en ese pequeño concepto de mí mismo, no podré pagar y siempre tendré que seguir buscando a alguien más de quien pedir prestado, mientras permanezca en la conciencia de ser una pequeña entidad no deseada.

Déjame, en este momento, aceptar exactamente lo que soy y cambiarlo ahora, empezar a cambiar mi respuesta a la pregunta: “¿Quién soy yo?” Y si Dios habita en mí, entonces debo ser importante, no en contra de alguien más en el mundo. A mí no me importa lo que ellos sean. Concédanles exactamente lo que quieran. Si quieren riquezas, que las tengan. ¿Qué importa? Si quieren estar en el mundo social en la cima, que lo estén. ¡Nada de envidia! Si quieren ser importantes a los ojos del mundo, que lo sean. Tú tienes valores diferentes. Tú estás en unión con Dios, y Dios está dentro de ti, y ¿qué mejor compañero podrías tener en este mundo que caminar en compañía de Dios, y caminar con Él no solo el domingo por la mañana, sino todos los días de la semana, sabiendo quién es Él?

Así que tenemos que tomar la decisión. “Elijan hoy a quién van a servir” (Josué 24:15). ¿Serviré a un dios falso o serviré al único Dios vivo? Y ese único Dios vivo es tu Imaginación, mi Imaginación, y ese es el hombre inmortal que no puede morir.

Ahora entremos en el silencio.

Bien. Cuando aceptes esto por completo, descubrirás que no necesitas ningún intermediario entre tú y Dios, ninguno. Él se convirtió en ti, para que tú puedas convertirte en Dios.

Ahora, ¿hay alguna pregunta, por favor?

Pregunta [inaudible]

Neville: No diría que todos los sueños necesitan interpretación. La mayoría sí, porque existe un lenguaje universal, sin importar la lengua que uses para expresarte… hay un lenguaje universal, y ese es el lenguaje del simbolismo. Desafortunadamente, todos somos maestros en la mala interpretación, pero existe un lenguaje que es universal, el lenguaje del simbolismo. Así que digo, todo en este mundo contiene en sí mismo la capacidad de tener un significado simbólico.

Por ejemplo, en mi visión de la luna, pedí luz sobre la ley, sobre cómo podía enseñar a otros de manera más simple a realizar su objetivo en este mundo. Y esa noche vino la visión. Fue una presentación muy sencilla, porque la luna es algo a lo que el hombre aspira. Mucho antes de que tomáramos en serio la idea de alcanzar la luna, ya la usábamos como expresión: “Él está alcanzando la luna”. Y dirías de alguien que no tiene preparación siquiera para aspirar: ¡Está loco! Aquí está este hombre sin educación formal, y espera dejar alguna vez su huella en el mundo respecto a algo que solo un hombre educado podría lograr. Pues dicen: “Él está alcanzando la luna”. Así que la luna es solo un símbolo del deseo de cualquiera.

[El mismo hombre continuó con su pregunta.]

Neville: Me considero lo suficientemente intuitivo para interpretar el sueño de otro. Pregunté allá al sur (no tengo tiempo aquí, tomaría más tiempo del que se me da en estas dos semanas), pero allá al sur me escriben cartas pidiéndome que explique un sueño que les resulta difícil interpretar por sí mismos. Y a medida que crecen (y nosotros crecemos en este mundo), acuden a mí para interpretar un sueño que parece no tener sentido. Pero todo sueño tiene significado. Como se nos dice en el capítulo 12 del libro de Números: “Dios se da a conocer al hombre en visión y le habla en sueños” (v. 6). Bueno, si Dios es mi Imaginación, y todos los sueños proceden de mi Imaginación (es decir, mis sueños y tus sueños), entonces debo aprender el lenguaje que está usando para transmitir este mensaje a mi mente superficial. Por lo tanto, no puedo descartar el sueño más simple. Puede que sea producido por algún pedazo de carne no digerida, pero yo no veo un sueño como resultado de carne no digerida. Veo el sueño como mi propio ser, la profundidad de mi ser, intentando revelarme algo en el lenguaje de los sueños. Cuando se trata de visión, eso es algo totalmente diferente. Esto es visión. Una visión es como esto, real más allá de toda medida.

Pregunta: En cuanto al simbolismo, me encontré con un libro que contradice toda la idea. En otras palabras, este misticismo… dicen que debes negarte a ti mismo y a todas las imágenes, y dejarte abierto y vacío a Dios, y que esta es la única manera de tener una unión mística.

Neville: Primero que nada, no aceptaría eso, y no diría que el enfoque individual de alguien sea el único camino. Cualquier persona que escribe un libro (y puedo decirles, el noventa y nueve por ciento de los libros escritos son un desperdicio de papel), pero porque algo está impreso, la otra persona, al verlo impreso, piensa que debe ser un sabio. “Mira, tiene un libro”, pero es puro sinsentido de principio a fin.

[El hombre continuó con su pregunta:] No era solo una persona; eran varias que se llamaban “Los Amigos de Dios”. No sé si han oído hablar de ellos, pero no era solo la idea de una persona.

Neville: Bueno, por ejemplo, hoy tenemos enormes grupos de personas que se llaman a sí mismos con otros nombres. Acabamos de tener uno muy grande en Nueva York, donde el Yankee Stadium no podía contener a la multitud, y el Yankee Stadium puede albergar a unas 75,000 personas solo en las gradas. Pero les permitieron bajar al césped. Bueno, si las gradas pueden albergar a 70,000 y tanto, y el campo ciertamente más, estimaron que tenían alrededor de 300,000 personas. Se llamaban a sí mismos con un nombre muy maravilloso según las Escrituras, y pregúntenle a cualquiera de los 300,000 que estuvieron allí que se levante y testifique de su experiencia sobre su nombre. Se llamaban “Testigos”. Bueno, si eres un testigo, ¿testigo de qué? ¿Has presenciado el nacimiento de Dios en ti? ¿Has presenciado alguno de estos grandes misterios de las Escrituras?

Uno de estos “Testigos” vino a mi puerta hace aproximadamente un año (de hecho, cuatro de ellos, pero solo uno subió las escaleras). Yo estaba ocupado leyendo mi Biblia. Paso horas cada día con la Biblia. Bueno, esto fue alrededor de las 4:30 o 5:00 de la tarde. Ella llegó con su Biblia toda marcada con papeles, y luego, en la calle (viendo qué recepción iba a recibir), había unas tres o cuatro en la acera. Subió y me preguntó si podía abrir la puerta para dejarla entrar y explicarme la Palabra de Dios. Le dije: “Lo siento, pero vino sin cita, y estoy ocupado. De hecho, estoy leyendo su Palabra en este momento.” Y entonces algo llevó a otra cosa, y dije: “Lo siento, estoy ocupado y no tengo tiempo para entretenerla o discutir algo con usted.” Entonces empezó a citar; no me permitió desestimarla así, así que comenzó a citar algunas Escrituras. Dijo: “¿Sabes lo que significa?” Entonces le dije mi interpretación del pasaje que citó, y ella me dijo: “¿Qué eres? ¿Mormón o algo así?” Así que ella iba a salirse con la suya, y eso es todo lo que puedes hacer. Así que dije: “Lo siento mucho, señora, pero no puedo darle más de mi tiempo a menos que sea con cita. No puede venir y tocar el timbre esperando ser admitida. No puede hacerlo. Tengo familia, y vivimos una vida muy tranquila y agradable, y no tenemos interrupciones de esta manera.” Entonces se fue y ellas charlaron y señalaron con el dedo: “Márcalo; se va al infierno.” Entonces, ¿qué puedes hacer con la gente? Déjalos en paz. No puedes tomar a un hombre por la nariz y ponerlo en un estado de conciencia si se resiste.

Se nos dice en las Escrituras: “Enviaré hambre sobre el mundo; no será hambre de pan ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová” (Amós 8:11). Bueno, hasta que esa hambre no sea enviada sobre ti por el Dios que está dentro de ti, la palabra no está dentro de ti. Te interesa más ganar un dólar extra. No puedo dar a una persona todas las preguntas. Tengo que llegar a alguien más.

P. [Inaudible]
Neville: En última instancia, todos volvemos al Uno, pero somos hermanos, como se dice en la Escritura: “Él fijó los límites de los pueblos conforme al número de los hijos de Dios”. Así que somos hermanos; se requiere de todos para hacer al Uno. Jamás, en la eternidad, perderé mi identidad, ni tú perderás la tuya, y sin embargo somos uno. Tú eres el mismo Dios. Del mismo Hijo, tú eres el Padre, así como yo soy el Padre. Eso muestra la unidad de nuestro ser. Si tú eres el padre de mi Hijo, y ese único Hijo yo sé que es mi Hijo, y todos van a ser el Padre de ese Hijo, entonces solo hay un Padre. Así enseña la Escritura: “Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como fueron llamados en una sola esperanza de su llamamiento; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos” (Efesios 4:4-6). Solo uno, y sin embargo nadie va a perder su identidad. Yo estoy expandiendo mi identidad, pero no hay pérdida. Cuando fui abrazado por el Señor resucitado, tal como llevaba la “forma humana divina”, que es Amor, respondí a la pregunta. Él me pidió que nombrara la cosa más grande del mundo. Cuando dije: “Amor”, me abrazó y nos fusionamos y nos volvimos un solo espíritu, un solo cuerpo, pero no perdí mi identidad. Cuando nos separamos de esa unión, salí como Neville, solo que dentro de mí era consciente de un Yo mayor, plenamente consciente de ese Yo mayor, sin pérdida de identidad. Así que todos aquí están destinados a descubrir la paternidad de Dios como sí mismos, por medio del Hijo que los llama “Padre”. Todos.

P. [Inaudible]
Neville: Querida, hemos comido del árbol del conocimiento del bien y del mal. Hay presiones enormes en el mundo para tratar de hacer el mundo bueno. Nunca vamos a eliminar el desequilibrio entre el bien y el mal. Siempre está contenido en este árbol. Este es el árbol del conocimiento del bien y del mal, y da igual cantidad de fruto. Así que hacen todos los esfuerzos del mundo para hacer un mundo mejor, pero están en el árbol equivocado. Un día nos bajaremos de este árbol del bien y del mal y comeremos del árbol de la vida, cuando llegue ese día que viene con la resurrección. Y la resurrección no es algo colectivo, es una experiencia individual. Somos llamados fuera de este estado, uno por uno, para unirnos en un solo cuerpo, que es el Señor resucitado. Así que todos son favorecidos.

Diez millones de dólares para esto, cien millones de dólares para aquello, y luego solo hay que esperar un poco, y al final del año una pequeña investigación: se forma un comité para descubrir que aquellos que recibieron los cien millones para repartirlos para el bien, se los guardaron ellos mismos. De repente: “¿Dónde quedaron los veintisiete millones de dólares en petróleo?”. Pues no se puede dar cuenta de veintisiete millones de dólares en petróleo.

Alguien se los quedó. No se derramaron en Santa Barbara. Eso salió del mar. Entonces, ¿dónde están los veintisiete millones? Justo esa semana se enviaron veintisiete millones de dólares en petróleo para nuestros muchachos en Vietnam y no pueden dar cuenta de ello. Ves esto en todos los ámbitos de la vida: bien y mal. Así que no trates de quemarlo; no vas a impedir que el árbol dé bien y mal. Sigue tu propio camino en todas las cosas hermosas del mundo, y permite que los demás hagan lo que quieran hacer. Lo van a hacer de todos modos. Cuando yo hablo, quiero ayudar a cada persona en este mundo, individualmente. No estoy a favor de la multitud, para volverlos a todos “buenos”, según eso que llaman bueno. “Nadie puede venir a mí si el Padre no lo llama” (Juan 6:44) y “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). Ninguno podría estar aquí esta noche si mi Padre no lo hubiera llamado. Incluso aquellos que quizá nunca vuelvan, fueron llamados. Este es su primer pequeño golpe, su primera pequeña explosión.

P. [Inaudible]
Neville: Claro que puedes ayudar a cualquiera en este mundo, y llegarás al punto en que ayudarás a todos. Pero no vas a cambiar la naturaleza del árbol. Este árbol da bien y mal. Esa es la naturaleza de este mundo. Y de pronto saldrás de él y comerás del árbol de la vida, y verás este mundo de una manera tan distinta que quedarás sorprendido más allá de toda medida.

P. [Inaudible]
Neville: Querida, el mundo está muerto, y la gente no lo sabe, muerto, tan muerto como puede estar, aunque lo estén caminando. Llegará el día en que tendrás esta experiencia. Sabrás que lo que estás sintiendo dentro de ti lo puedes detener; y cuando miras a las personas a tu alrededor, detienes su actividad dentro de ti, y todos quedan inmóviles. No quiero decir que estén quietos como soldados firmes, que aún puedan parpadear o mover el cuerpo; quiero decir que están muertos. No pueden mover ni un ojo. No son conscientes de que están detenidos. Y si detuvieras ese movimiento por mil años, cuando lo soltaras continuarían con su intención y no sabrían ni por un momento que estuvieron detenidos por mil años. Todo esto es parte de la estructura del universo. Todo lo que ocurre en el mundo pertenece a la estructura eterna del universo. Tú no fuiste creado; eres parte de la estructura eterna. Todos los matrimonios, todos los divorcios, todo amor, amores desviados, amistades hermosas, odios, todo es parte de la estructura eterna del universo. Así que cuando hablamos de creación, no me refiero a formar a un hombrecito de barro. El hombre siempre fue parte de la estructura del universo. No estoy hablando de la creación de la vida. Ahora solo somos cuerpos animados. El día vendrá en que nos convertiremos en espíritus que dan vida. Entonces verás que todo este vasto mundo es un cuerpo muerto, tan muerto como la luna, y todas las relaciones están resueltas en detalle. Si uno pudiera ver con el ojo despierto, cuando el niño viene a través del vientre, todo el patrón de su vida ya está ahí.

Pregunta: [Inaudible]
Neville: Porque es un cuerpo muerto. Ahora está animado por el espíritu de Dios, que se llama aliento, porque la palabra “aliento”, la palabra “viento” y la palabra “espíritu” son una y la misma, tanto en griego como en hebreo. Así que respira el aliento de vida en el cuerpo del hombre. Es el espíritu el que posee el cuerpo, que luego se convierte en un cuerpo animado, un ser viviente, pero no en un espíritu que da vida. (Eso, en cambio, es el acto de la creación).

[Pregunta sobre asumir el deseo cumplido]… no puedes permitir ningún miedo consciente.

Neville: La pregunta es: habiendo asumido el sentimiento del deseo cumplido, no puedes negar que a pesar de esa asunción hay algunas dudas y miedos conscientes. Bueno, no lo niego, pero la práctica hará que cada vez haya menos, y confiarás en Dios tan implícitamente, no como un ser externo que puede estar observándote mientras oras. Eso es lo que la gente dice: “Me pregunto si me vio”, porque tu Imaginación siempre…

Como comenzamos la conferencia de esta noche citando del capítulo 17 del libro de los Hechos: “Ustedes tienen un dios desconocido… Yo les hablaré de ese dios desconocido, y él no está lejos. En él vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.” ¿A dónde podría ir, apartándome de mi Imaginación? Yo soy toda Imaginación, y eso es Dios. Así que, lo que sea que esté imaginando, mi Imaginación lo ve. Eventualmente tendrás tal confianza completa en Él. La Imaginación y la fe son la materia de la que el hombre fabrica su mundo. Ahora, la fe es la apropiación subjetiva de lo objetivo, y la esperanza, la fe y la Imaginación son la materia de la que formamos nuestro mundo.

Buenas noches.

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