Conferencia de Neville Goddard (1968-02-23)
Aunque solo unos pocos están enseñando este maravilloso principio en el tiempo presente, muchos otros los seguirán; y debido a que el mundo cristiano cree en un hombre, esta pregunta se hará una y otra vez: “¿No crees que un hombre llamado Jesucristo caminó sobre la tierra?” Es mi esperanza que esta noche pueda aclararte este punto.
Escucha estas palabras de la Escritura: “Conocerán la verdad y la verdad los hará libres. Tu palabra es verdad” (Juan 8:32; Juan 17:17). Y hablando de Jesucristo: “Su nombre será llamado el Verbo de Dios” (Apocalipsis 19:13). Aquí vemos que tiene un nombre, así que es una persona, y sin embargo es el Verbo, la verdad que libera al hombre. Confesando que vino al mundo para hacer la voluntad de su Padre, en el capítulo 6 del libro de Juan hace esta declaración: “Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna” (Juan 6:40).
Ahora bien, no hay una verdad (ni una mentira) que no tenga a un hombre como su agente, porque se necesita un hombre para expresar tanto la mentira como la verdad, ¡y a Jesucristo se le llama la verdad! Así que cuando te pidan que respondas la pregunta: “¿No crees que un hombre único nació en el año 4 a.C. y se llamó Jesucristo?”, respóndela de esta manera: “Jesucristo no es un hombre, sino el plan de salvación de Dios”.
Una de las declaraciones más tristes y a la vez conmovedoras de la Biblia está registrada en el libro de Samuel. Absalón, el hijo de David, se rebeló contra él y trató de apoderarse del reino. Sin embargo, durante toda la batalla, David preguntaba una y otra vez: “¿Cómo está el joven Absalón?” Y cuando recibe la noticia de la muerte de Absalón, sube a la cámara sobre la puerta de Jerusalén y llora, clamando: “¡Oh Absalón, hijo mío, hijo mío! ¡Quién me diera haber muerto yo en lugar de ti! ¡Absalón, hijo mío, hijo mío!” (2 Samuel 18:33). Esto es un anuncio anticipado, no del todo concluyente ni inmediatamente evidente, de la historia registrada en el Nuevo Testamento.
En el Nuevo Testamento encontramos que Dios Padre hace lo que David anhelaba hacer. David deseaba dar su vida para restaurar a su hijo, pero no podía hacerlo, porque solo Dios puede dar su vida para salvar a su Hijo. Hablándole a la humanidad, Blake puso estas palabras en la boca de Jesús: “No temas. A menos que yo muera, tú no puedes vivir. Pero si muero, resucitaré de nuevo y tú conmigo. ¿Amarías a uno que nunca murió por ti? ¿O morirías por uno que no murió por ti? Y si Dios no muere por el hombre, y no se da a sí mismo eternamente por el hombre, el hombre no podría existir”. Dios murió al vaciarse de su divinidad. No está fingiendo que está muerto, sino que realmente se convierte en el mismo aliento de vida de todo hijo nacido de mujer.
Ahora, caminando en el olvido del hombre, Dios ha preparado un plan para su regreso, un plan por el cual todos son redimidos.
Este plan de redención es Jesucristo, pero como está personificado, el hombre ha tomado el vehículo que transmitió la instrucción por la instrucción misma, y al agente que expresó la gran verdad por la verdad expresada. Si la verdad ha de expresarse, se necesita un hombre individual para expresarla. Por lo tanto, cuando la historia de la redención se despliega en un hombre, él relata su propia experiencia.
Ahora se nos dice: “Todo el que ve al Hijo y cree en él tiene vida eterna” (Juan 6:40). Las palabras “ver” y “conocer” son lo mismo tanto en hebreo como en griego, así que si esta noche yo pinto con palabras el plan de salvación, te estoy mostrando al Hijo de Dios. No necesariamente se sigue que entenderás lo que digo y me creerás, por eso se hace la declaración: “Todo el que ve al Hijo y cree…”. Esta noche espero poder decirlo con tanta claridad que todos puedan seguir y entender lo que digo y aceptarlo.
¡Jesucristo no es un hombre! No es una persona, sino el plan de redención de Dios que debe ser descubierto y comprendido. Para entrar en este mundo uno debe vestir un cuerpo de carne y sangre; sin embargo, se nos dice que la carne y la sangre no pueden entrar en el reino de los cielos (1 Corintios 15:50). Se necesita un cuerpo espiritual para entrar en ese reino, ¡y mis palabras son espíritu! Si te cuento una historia que muchos en esta audiencia han experimentado, y la aceptas, tú también experimentarás la verdad que te hará libre. Ningún hombre puede hacerte libre. Este hombre llamado Neville es simplemente un agente que expresa la verdad. No basta con que solo lo entiendas. Debes creer, no en Neville, sino en la verdad que él expresa desde esta plataforma y en sus libros. Si yo miento y tú crees lo que digo, entonces no puedes probarlo y permanecerás esclavo. Y ay del dolor que se le promete al maestro que se atreve a mentir y a desviar a quienes confían en él (Santiago 3:1).
Te estoy diciendo lo que he experimentado, así que no puedo mentir. Jesucristo, la historia de salvación de Dios, se ha cumplido en mí. He experimentado el nacimiento, el descubrimiento de Dios que es David, la rasgadura del templo que es el propio cuerpo, la ascensión del Hijo del Hombre al cielo y el descenso de la paloma. La mayoría de las personas del mundo no aceptarán mi historia, porque quieren una persona externa como su salvador personal. Esta noche muchos que enfrentan su inevitable partida de este mundo esperan encontrarse con lo que llaman su “salvador”, pero su salvador es un plan de salvación que es Dios mismo.
Cuando te hagan la pregunta e insistan en una respuesta de sí o no, pídeles que vengan y razonen contigo de esta manera: ¿Crees en la Escritura? Vayamos al capítulo 11 de Mateo y leamos la historia acerca de Juan el Bautista. Se dice de él: “Entre los nacidos de mujer, no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él” (Mateo 11:11). Ahora déjame preguntarte: ¿Es Jesucristo un hombre de carne y sangre? Entonces no es mayor que Juan el Bautista. ¿No lo crees? Pues fue Jesucristo quien hizo la declaración: “Entre los nacidos de mujer no hay mayor que Juan el Bautista”. Si insistes en que Jesucristo nació de mujer y por lo tanto está en este mundo de carne y sangre, entonces no es mayor que Juan el Bautista. De hecho, si insistes en que Jesucristo es un hombre de carne y sangre, y el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que Juan, ¿no es entonces también mayor que Jesucristo?
El plan de salvación de Dios es un drama totalmente sobrenatural y no tiene nada que ver con ningún niño que haya salido (o salga) del vientre de una mujer. Su historia ocurre en un ámbito completamente distinto, porque el hombre sale de su propio cráneo. Ese es el nacimiento de lo alto. Hay un maravilloso ocultamiento de Cristo en los capítulos 6, 8, 18 y 19 del Evangelio de Juan.
“¿No es este el hijo de José? ¿Cómo puede ahora decir: ‘He descendido del cielo’?” (Juan 6:42). Es el hijo de José a los ojos de cientos de millones de personas, pero Jesús no hace esa confesión. Más bien te dice: “He descendido del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, y el cielo está dentro” (Juan 6:38; Lucas 17:21). ¿Cómo puede Jesús ser enviado del cielo y ser hijo de José si José es un hombre mortal?
En el capítulo 8 de Juan le preguntan: “¿Quién es tu padre?” y él respondió: “Ni a mí me conocen ni a mi Padre; porque si me conocieran, también conocerían a mi Padre” (Juan 8:19). En otras palabras, si conocieras a Cristo en el verdadero sentido de la palabra, no preguntarías, porque sabrías que eres tú mismo. Sabrías: “Mi Padre es aquel a quien tú llamas Dios. Yo conozco a mi Padre y tú no conoces a tu Dios”. Encontrarás el ocultamiento de Cristo por todo el libro de Juan. Y aunque se necesita un hombre para expresar el plan de Dios, Cristo no puede ser visto por ojos mortales. Solo puede ser conocido y experimentado como el plan de salvación.
Uno que expresó la verdad estuvo delante de Pilato, quien dijo: “¿Quién eres y de dónde eres?” Y cuando no respondió, Pilato dijo: “¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?” Entonces la verdad respondió: “No tendrías ninguna autoridad sobre mí si no te fuera dada de arriba” (Juan 19:9–11). (Esta palabra traducida “de arriba” es “anóthen”, traducida en el capítulo 3 de Juan como: “Es necesario nacer de arriba” (Juan 3:3).)
Su mundo no es este mundo, porque ¿no dijo: “Yo no soy de este mundo”? (Juan 8:23). El drama se desarrolla en un mundo completamente distinto, y lo que comparto contigo es aquello que he experimentado en ese otro mundo.
Ahora, déjame compartir una experiencia que recientemente me fue contada. La señora escribe: “El domingo pasado por la noche sentí su presencia tan fuerte que me senté esperando verlo. En lugar de eso, lo único que vi fueron luces que parpadeaban como luciérnagas. Luego me fui a la cama y este es mi sueño. Estaba observando cómo funcionaba mi grabadora, viendo la cinta pasar de un carrete al otro, cuando recordé que si detenía la actividad que observaba en mi propia mente, se congelaría. Inmediatamente detuve la actividad en mi imaginación y el carrete ya no se movió. Noté que en el instante en que lo hice, algo en mí se abrió y se expandió; pero no podía hacer que el carrete volviera a arrancar hasta que contrajera mis sentidos. Esto me fascinó, así que lo hice varias veces, dándome cuenta cada vez de que no podía iniciar la acción en mi estado abierto y expandido. Solo cuando contraía mis sentidos de nuevo, el carrete empezaba y se movía, aparentemente independiente de mi percepción de él. Y cuando desperté me sentí decepcionada porque no había detenido ni puesto en marcha a personas, pero luego comprendí el significado del simbolismo del sueño y volví a sentirme llena de alegría”.
¡Solo hay Dios! ¡Dios en el estado eterno de existencia! ¡Dios en procesión y Dios en retorno! Su experiencia de la noche es un anticipo de su regreso a la unión consigo misma. Al venir al mundo ha desempeñado su papel y ahora está probando el poder que todos ejercerán en la nueva era, un poder completamente desconocido para el hombre. El hombre se asusta por sus propios pequeños inventos y cree que pueden hacer estallar el universo; pero no son más que pequeños cuetes. Tal vez vieron el Los Angeles Times de ayer, donde los astrofísicos de Cal Tech afirman que hay cien mil millones de galaxias en nuestro universo, y que cada galaxia contiene cien mil millones de estrellas; y aun así no pueden encontrar nada como nuestra pequeña Tierra. Lo único en el universo que podría acunar este experimento biológico llamado hombre está justo aquí en nuestro pequeño planeta, que consiste en un sol y se llama Tierra.
Si meditan en este pensamiento, ¡deberían sentirse inmensos! ¡Todo el universo fue creado por un orgasmo de Dios para producir este pequeño sistema! ¿Alguna vez han visto el orgasmo de un hombre bajo el microscopio? Hay miles de millones de organismos vivos tratando de alcanzar la semejanza del hombre, y solo uno tiene éxito. Aquí está el orgasmo de Dios, y surge un solo sistema que puede acunar su experimento para hacer al hombre a su imagen. ¡No hay nada más aquí que pueda hacerlo! Dios tuvo que morir para que el hombre pudiera vivir, sabiendo: “Si muero, resucitaré, y tú conmigo; porque si Dios no muere por el hombre y no se entrega eternamente por el hombre, el hombre no podría existir”.
Cuando Dios se hizo hombre, trajo consigo su plan de salvación, llamado Jesucristo. Las iglesias lo han organizado y personificado. Han pintado imágenes de él y las han puesto en las paredes, ¡pero eso no es Jesucristo! Jesucristo es el plan eterno de salvación de Dios, que se expresa por medio de un hombre. Nadie conoce a los autores de los evangelios. Mateo, Marcos, Lucas y Juan son nombres anónimos de hombres que relataron sus propias experiencias. Al personificar al Hijo, lo llaman Jesucristo, pero el hombre, al no saber esto, no puede discriminar entre el estado y su ocupante, así que toma el estado y lo adora. ¡Jesucristo es el plan de salvación de Dios que se despliega en un hombre!
Ahora ustedes continuarán cuando yo ya no esté, y les preguntarán acerca de él. Cuando les pregunten si creen que un hombre llamado Jesucristo nació de María, vivió y fue crucificado en una cruz de madera, díganles la verdadera historia de la salvación. Pueden hacerlo, porque serán testigos. Habrán nacido de lo alto. Habrán encontrado a David, quien los llama Padre. Habrán sido partidos en dos, habrán ascendido al cielo y habrán sido testigos del descenso de la paloma. Cuando hayan tenido todas estas experiencias, serán testigos de la verdad de la palabra de Dios. Como testigos, ustedes son el fruto del árbol de la vida sobre el cual Jesucristo (como el plan eterno de Dios) fue crucificado.
Los hombres buscan ese árbol en el tiempo y el espacio, pero Blake nos dice: “Los dioses de la Tierra y del Mar buscaron por la Naturaleza para encontrar este árbol, pero su búsqueda es en vano; hay uno que crece en el cerebro humano”. Ahí es donde está incrustado Jesucristo (el plan de salvación de Dios). Injertado ahí, crece y estalla en estos grandes acontecimientos hasta que se alcanza el clímax, que es el descenso de la paloma. Entonces el hombre en quien ha ocurrido la erupción permanecerá un tiempo para contar su experiencia y animar a sus hermanos. Luego partirá, no para ser restaurado a este mundo terrenal, sino para entrar en esa era llamada el reino de los cielos, donde ejercerá un poder mayor que el sueño más desbordado del hombre mortal.
Cuando el plan de salvación de Dios se completa, has regresado a ti mismo. Eso es la reunión divina. Entonces sabrás por experiencia: “Salí de la conciencia de ser el Padre, y vine al mundo al ser consciente de su existencia. De nuevo dejo el mundo y regreso a la conciencia de ser el Padre” (Juan 16:28). Recuerden: ¡solo hay Dios, el Padre! Este mundo no es un accidente, sino un plan para crear y expandir el poder creativo de Dios. No hay límite para su expansión, solo un límite para la contracción. El hombre es ese límite. Al asumir el límite de la contracción y la opacidad que es el hombre, Dios se despliega en el hombre para conocer la translucidez y la expansión ilimitadas.
Jesucristo es el plan de salvación de Dios. Cuando pueden ver esto claramente en el ojo de su mente, están viendo al Hijo de Dios, porque el plan de Dios es su Hijo llamado Jesucristo. Si rechazan esto, no creen en ustedes mismos. Todo el evangelio de Juan habla de la fe y de la falta de creencia en uno mismo. Juan les cuenta una historia acerca de sí mismo. Él está expresando la verdad y personificándola como un hombre, y es la verdad lo que deben adorar, no al hombre. Juan los exhorta a: “Aférrense a la verdad, porque la verdad los hará libres” (Juan 8:32).
Si aceptas la palabra de Dios que mora en ti, conocerás su verdad y serás puesto en libertad (Juan 8:32). Pero si dices: “Quiero esta sabiduría, pero si pudiera descubrir cómo hizo sus millones, aplazaría esto un tiempo y volvería mañana. Primero quiero los millones”, yo te digo: “Oh necio, esta noche vienen a pedirte tu alma. Mañana te pondré en una esfera donde tendrás tus millones, pero tendrás que trabajar por ellos” (Lucas 12:20).
No pienses que porque ahora estás desempeñando un papel noble, no puedas pasar a uno innoble. Igual que un actor, puedes interpretar el papel de un rey en el escenario del tiempo y el espacio esta noche, y mañana ser elegido para el papel de un payaso. “Dios solo actúa y está en los seres existentes o en los hombres.” Somos colocados en papel tras papel, hasta que la obra que nos propusimos realizar se completa en nosotros. Y sin importar lo que hagamos ahora, o nuestra posición social o intelectual, cuando salgamos de aquí seremos colocados en los papeles que nos corresponden. Esto lo sé por experiencia. Todo está hecho y todo es perfecto. Dios planeó todo tal como ha sucedido y tal como será consumado.
Así que a ustedes que ahora están enseñando y a los que seguirán, graben bien mis palabras: se les va a preguntar: “¿No crees en Jesucristo como un hombre cuya madre fue María?” Esta es una pregunta que me han hecho durante todos mis años de enseñanza. Justo antes de que cerrara el pasado diciembre, un hombre discutió conmigo, porque mis palabras estaban en conflicto con su concepto de Jesucristo. Él lo tenía como alguien de carne y hueso, externo, y no podía soltar ese concepto. Nunca regresó, pero eso es el cumplimiento del capítulo 6 de Juan, porque cuando la gente oyó sus palabras dijo: “Duras son estas palabras”, y se fueron, para no andar más con él (Juan 6:60, 66). Yo solo estoy cumpliendo la Escritura. Digo la verdad tal como la he experimentado, y habrá quienes, como este caballero, no volverán a caminar conmigo. No puede caminar conmigo mientras crea en un Jesucristo físico, cuando mi concepto de él es la personificación de la verdad, del plan de salvación de Dios.
Esta verdad debe ser expresada por el hombre, así que viene un hombre y la expresa. Uno debe aprender a dejar al hombre en paz y aferrarse a la verdad, porque entonces la verdad se injertará en ti y se desplegará dentro de ti. Entonces sabrás quién es realmente Jesucristo, porque cuando él se despliega en ti, todo lo que se dice de él es experimentado por ti. Y cuando lees que David llamó a Dios “mi Padre”, y David te llama a ti “Padre”, ¿no eres tú Dios? (Salmos 89:26; Lucas 20:44). Si se dice que el cuerpo de Dios fue rasgado de arriba abajo, y eso te sucede a ti, ¿no eres tú Dios? (Mateo 27:51). A medida que estos eventos ocurren, toda la Biblia se abrirá, y verás la sabiduría de Blake cuando dijo: “Ríos, montañas, ciudades, aldeas, todo eres tú, porque en la eternidad todos son hombres.”
La Escritura registra que el Monte de los Olivos fue partido, pero sabrás que fue tu propio cuerpo el que fue dividido (Zacarías 14:4). Descubrirás que tú mismo eres el río Jordán, porque no hay nada más que el Hombre. Cuando entres en la conciencia de ser las montañas, las aldeas y las ciudades, caminarás en sus cielos y en sus tierras, porque “todo lo que contemplas, aunque parezca estar fuera, está dentro de ti, en tu Imaginación, de la cual este mundo de mortalidad no es más que una sombra.” Todas las montañas de las Escrituras están dentro de ti, así como las ciudades y las aldeas, sin importar sus nombres. Tú te conviertes en la Jerusalén, la esposa que desciende al amanecer (Apocalipsis 21:2). Siendo Dios individualizado, personificas el plan de salvación de Dios llamado Jesucristo, porque no hay nada más que el Hombre, y el Hombre es Dios.
Ahora entremos en el silencio.
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