Preexistencia

Conferencia de Neville Goddard (1969-07-16)


El tema de esta noche es: Preexistencia. Para cada niño nacido de mujer, hay un “Hijo” de Dios en los cielos, que es su Ser ancestral. Está sepultado en ti. Él es la Realidad del hombre. La Biblia habla de este “Hijo” como Jesucristo, la verdadera identidad de todo niño nacido de mujer.

“Dios se hizo hombre, para que el hombre pueda hacerse Dios.” (Blake, Jerusalén)

Todo lo que leemos en la Biblia acerca de Jesús trata de ti. Es tu biografía. El Antiguo Testamento es el plano profético de la vida de Jesús, y la historia de Jesús, tal como se cuenta en el Nuevo Testamento, que es el cumplimiento del Antiguo, es tu historia. Y llegará el día en que experimentarás todo lo que está registrado en el Nuevo Testamento acerca de Jesucristo, todo sin excepción. Este es el gran misterio de nuestro ser.

No somos un pequeño producto de la evolución, como muchos enseñan hoy. No salimos de una ameba. ¡Eres la emanación de un Hijo de Dios! Como se nos dice en el libro de Deuteronomio, capítulo 32:

“El Señor fijó los límites de los pueblos
conforme al número de los hijos de Dios.” (Deuteronomio 32:8)

Hoy se habla de reducir la reproducción de la humanidad, de limitar los nacimientos. Sin embargo, se nos dice que ni un solo niño podría nacer si no fuera por un Hijo de Dios que es la vida de ese niño. Porque Él realmente “fijó los límites de los pueblos conforme al número de los hijos de Dios”. Léelo en el versículo 8 del capítulo 32 de Deuteronomio.

No podrías respirar siendo niño, si Dios no estuviera dentro de ti. Y luego dices: “Yo soy”, ese es Él. Ese es el Hijo de Dios, y el Hijo de Dios es uno con Dios. “Yo y el Padre uno somos.” (Juan 10:30)

“Salí del Padre y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo y voy al Padre.” (Juan 16:28)

¿No es eso preexistencia? Salí del Padre y he venido al mundo. Otra vez dejo el mundo y voy al Padre. Pero no dejaré este mundo, esta tierra, hasta que despierte como Jesucristo.

Ahora bien, este mundo no termina en el punto donde mis sentidos dejan de registrarlo. No puedo seguir a un amigo que va más allá por la puerta que llamamos “muerte”, y pienso que se ha ido del mundo. ¡No se ha ido de ningún mundo! ¡Está en este mundo! “Este mundo” no deja de existir cuando mis sentidos dejan de tocarlo, de registrarlo.

Él está en un mundo terrenal, igual que este, en una vestidura como estas “vestiduras” (señalando el cuerpo físico), de carne y sangre. Y pasa por condiciones similares; y el que está dentro, que es el Hijo de Dios, lo va guiando, llevándolo por todos los “hornos de aflicción” que son necesarios para despertarlo como Él mismo. Y el Hijo de Dios es el Poder de Dios y la Sabiduría de Dios, como se nos dice en el primer capítulo de Corintios:
“Cristo, poder de Dios y sabiduría de Dios.” (1 Corintios 1:24)

Así que, al final, solo hay Dios, y todo es la expansión de Dios. Ahora, aquí hay un Salmo, considerado el más difícil de los ciento cincuenta. Es el Salmo 82. Lo que actualmente se considera la mejor interpretación de la Escritura es The Interpreter’s Bible. Viene en doce volúmenes y cuatro adicionales en forma de diccionario, dieciséis volúmenes de alrededor de mil páginas cada uno. ¡Una obra verdaderamente maravillosa! En ella se dice: “En verdad no sabemos mucho acerca de este Salmo. Solo podemos esperar no estar muy lejos de la verdad.”

Pues bien, la crítica bíblica más erudita de todas la encontramos en un libro llamado The Encyclopedia Biblica. Quien está a cargo de la sección hebrea y también es uno de los editores de toda la obra, Thomas Chaney, hablando de este Salmo dice: “Este es el Salmo más difícil para el estudioso, cuyo significado pudo haber sido comprendido. Tal vez, de alguna manera extraña, alguien en algún momento lo entendió. Pero debo confesar que ninguno de nosotros lo entiende hoy.” Esto lo dijo Thomas Chaney. En el momento en que editó esta obra, a finales del siglo pasado, se consideraba —y todavía se considera hoy— la forma más erudita de crítica bíblica.

Ahora, esta es la historia. Esto es lo que dice:

“Dios está en la congregación de los dioses;
en medio de los dioses juzga.”

Luego dice:

“Yo dije: vosotros sois dioses,
hijos del Altísimo, todos vosotros;
pero como hombres moriréis,
y como cualquiera de los príncipes caeréis.” (Salmo 82:1, 6-7)

Dios está en la congregación de sus hijos. Todos los hijos juntos forman a Dios. La palabra que aquí se traduce como “Dios” es la palabra “Elohim”. Es una palabra plural. También se traduce como “dioses”.

“Dios está en la congregación de los dioses”, esa palabra es “Elohim”. “En medio de los dioses juzga”, esa palabra “dioses” es “Elohim”, la misma palabra.

Pero los eruditos no logran comprenderlo del todo. Aquí tenemos la palabra “Elohim” definida en singular, y luego un poco más adelante definida en plural, “dioses”.

Él ha tomado su lugar en la congregación de los dioses. Está ahora en medio de los dioses; está juzgando. Y ahora les habla a los dioses. Les dice que son hijos del Altísimo, todos ellos, sin excepción. Sin embargo, morirán, “morirán como hombres, y caerán como uno de los príncipes”.

¿Sabes a quién le está hablando? ¡Te está hablando a ti! Nosotros somos los “dioses” que descendimos al mundo de la “muerte” y tomamos sobre nosotros el límite de la contracción, que es el hombre, y experimentamos la “muerte”.

Luego se nos dice en la carta a los Filipenses:
“Jesús, siendo en forma de Dios… se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Filipenses 2:6-8)

Pues bien, este (señalando el cuerpo físico) es la única “cruz” que Jesús jamás “llevó”. ¡La forma humana es la cruz de Dios! Se humilló. ¿De qué manera? Tomó sobre sí la forma de siervo. No importa cuán poderoso sea un hombre en este mundo, aunque yo poseyera la tierra y aunque todos en este mundo fueran mis esclavos, no tengo poder para ordenar a nadie que realice por mí las funciones naturales de mi cuerpo. Soy esclavo del cuerpo que “uso”. Cada función natural de mi cuerpo debe ser realizada por el ser viviente. ¡Yo mismo debo hacerlo! Debo comer y asimilar, y lo que no puedo asimilar, debo eliminarlo. Y nadie en el mundo puede hacerlo por mí. Soy esclavo del cuerpo que “uso”.

Así que, “tomó sobre sí la forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Y hallándose en condición de hombre, se humilló” —esa es su humildad— “y se hizo obediente hasta la muerte”. Todo aquí muere. Todo en este mundo muere. No importa lo que sea, llega, crece, decae y desaparece. No importa cuán bien hecho esté o cuán antiguo sea, aunque tenga cuatro mil años, las cosas están destinadas a desaparecer de la faz de esta tierra. Todo llega, crece, decae y desaparece.

Este es el mundo de la “muerte” al que Dios vino con un solo propósito: expandir su poder creador, su sabiduría.

¡Nosotros somos los dioses que descendieron! ¿Y tú dices: “Yo soy”? Ese es Él. “Ese es Su nombre para siempre.”
¡Tu propia y maravillosa Imaginación humana es Dios! Y no hay otro dios. En toda forma, sin importar las apariencias, es el mismo Dios. No hay diferencia, porque Dios es uno, aunque aparece como muchos. Uno en muchos; esa es la palabra “Elohim”, una unidad compuesta, uno hecho de otros. Pero los eruditos no pueden entender esta declaración:

“Dios está en la reunión divina;
en medio de los dioses juzga.”
Y ahora Él habla: “Yo dije: ‘Vosotros sois dioses,
todos vosotros hijos del Altísimo;
sin embargo, moriréis como hombres,
y caeréis como uno de los príncipes.’” (Salmos 82:1, 6–7)

Solo un hombre cayó, ¡llevándonos a todos con él!
Como se nos dice en la Escritura: “Nos escogió en Él antes de la fundación del mundo.” Y un solo hombre cayó en división, y tenemos todas las razas, todas las naciones, todas las religiones, y sin embargo todos están contenidos en uno. Y permaneceremos en la tierra hasta que seamos llamados, uno por uno, de regreso a ese cuerpo; pero esta vez, cuando seamos llamados, el cuerpo que resucita va regresando uno por uno para incorporarse de nuevo a ese mismo cuerpo que cayó. Y qué reunión tan gloriosa gracias a la experiencia de la “muerte”. Él entra en el mundo de la “muerte” y la vence. Ha vencido a la muerte. Aquí todo muere, y sin embargo Él vence todo en este mundo. Es un mundo de “muerte”.

Así que la Biblia es tu propia y maravillosa biografía. Jesucristo es la verdadera identidad de todo niño nacido de mujer. Un pequeño niño sale del vientre y tú lo ves; la realidad de ese niño es Jesucristo.

Tómalo en tus manos, estás sosteniendo en tus manos a ese niño que es Jesucristo. Pero ese niño, para salir de este mundo de “muerte”, tiene que “nacer de nuevo”.

El “segundo nacimiento” no es reencarnación. No tiene nada que ver con la reencarnación. Nacemos primero “de abajo”, del vientre de la mujer. Nacemos por segunda vez del cráneo del hombre. Y por “hombre” me refiero al hombre genérico. “Varón y hembra los creó, y llamó el nombre de ellos Hombre.” Lee eso en la Escritura: “Varón y hembra los creó, y llamó el nombre de ellos Hombre.” Hablo del Hombre genérico. El “segundo nacimiento” es del cráneo del hombre, no del vientre de la mujer. El vientre de la mujer nos trae a todos en esclavitud, formando “vestiduras” que dejan al hombre en esclavitud. Yo soy esclavo de esta “vestidura” hasta que me la quite.

Y si esta noche no he “nacido de lo alto”, me encontraré, si me llamas “muerto”, restaurado a la vida en un mundo igual a este, pero joven, de unos 20 años de edad. Ya no paso por el vientre de la mujer. Me encuentro en un mundo terrenal, igual que este, donde envejezco como aquí, donde lucho por ganarme la vida como aquí, donde tengo amigos y enemigos como aquí, donde tejo una vestidura de gozo y de dolor, como la tejo aquí. “Moriré” allá, como muero aquí, y seré restaurado una vez más en un cuerpo joven y hermoso, parecido a este, de unos 20 años de edad, en un ambiente más adecuado para la obra que aún debe hacerse en mí. Y repetiré eso hasta ese momento en el tiempo en que Aquel que tomó la decisión de entrar por la “puerta de la muerte” despierte dentro de mí. Y cuando Él despierte dentro de mí, ¡yo soy Él! ¿Y quién soy entonces? Jesucristo. No hay otro. “Yo y el Padre uno somos.” (Juan 10:30)

Así que: “Nadie me quita la vida; yo la doy por mí mismo. Tengo poder para darla, y tengo poder para volverla a tomar.” (Juan 10:18)

Y sin embargo, a pesar de estas declaraciones en el libro de Juan, encontramos a través de los siglos a muchas personas hablando de una raza de personas llamadas los judíos que crucificaron a Jesús. No es así. ¿No has leído la Biblia con cuidado? Lee estas palabras en Pablo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gálatas 2:20)

Aquí el Hijo de Dios que emana es el ser en el hombre; y Él amó tanto a Su emanación que entró por la “puerta de la muerte”, el cráneo humano, y liberó a Su emanación. Y se acostó en la tumba conmigo, el cráneo humano, y ahí sueña el sueño de la vida como yo lo estoy soñando ahora, hasta que despierte; y cuando despierte, no somos dos, somos uno. “Yo soy Él.”

Todos despertarán. Todos regresan al Padre del cual salieron; y al regresar al Padre, son el Padre.

Así que salí del Padre, y vine al mundo. Vine, y ahora me voy de nuevo, y voy al Padre. Esa es la historia de todo niño nacido de mujer. Así que déjalos ser; están teniendo un sueño, algunos sueños nobles, otros sueños no tan nobles, pero al final, todos estamos siendo llamados, y todos serán justificados, porque como se nos dice en el capítulo 8 del libro de Romanos: “A los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de Su Hijo; y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó.” (Romanos 8:29–30)

Ahí está la predestinación completa. Así que Él justificó. ¿Qué es “justificación”? Absolución divina, porque esto es una “obra”. Todo este vasto mundo es una obra, y tú y yo estamos interpretando nuestros papeles, y esos papeles son temporales. Dejamos atrás los “papeles”. Y nosotros somos los actores que actuamos; el papel se queda atrás.

He visto por lo menos doce “Hamlets”. Y ningún actor interpretó a Hamlet de la misma manera. Sin embargo, todos usan las mismas palabras. Recuerdo haber visto el último Hamlet interpretado por Richard Burton, y lo hizo de forma encantadora, y salió al escenario usando unos pantalones grises, del mismo color de los que yo llevo puestos ahora. Y llevaba una camiseta negra de manga corta; y representó todo “Hamlet” con ese mismo vestuario: pantalones grises y camiseta negra. Y le dio un significado completamente diferente a los pasajes familiares de Shakespeare. ¡Es el mismo “Hamlet”! Salió a tiempo, y se retiró a tiempo, y todos entraron a tiempo y salieron a tiempo. Pero él, la figura central, Hamlet, le dio una interpretación totalmente distinta a los pasajes que tú y yo conocemos.

Cuando habló con su madre, y en ese pasaje le dice a la madre, y tú lo sabes, es uno muy conocido: “Asume una virtud si no la tienes”. Bueno, yo he escuchado eso una y otra vez dicho con mucha seriedad. Él no lo hizo así. Lo dijo con ligereza, porque no creía que ella pudiera jamás asumir una virtud. Ella había envenenado a su padre, y ahora se casa con su tío; y él la despreciaba. Y se lo dice de forma sarcástica cuando la ve venir: “Oh, asume una virtud si no la tienes”. No creyó ni por un momento que ella pudiera asumir una virtud. Así que tomó las mismas palabras que otros “Hamlets” tomaron y les dio un significado completamente distinto.

Así que tú estás interpretando un papel, y se te permite interpretar ese papel; pero entraste a tiempo y saldrás a tiempo; y a pesar de lo que hoy nuestros sabios llamados doctores nos dicen, que pueden prolongar la vida, no la están prolongando. Naciste a tiempo, como se nos dice en el capítulo 3 del libro de Eclesiastés:
“Tiempo de nacer, y tiempo de morir;
tiempo de reír, y tiempo de llorar;” (Eclesiastés 3:2, 4)

No hay nada nuevo bajo el sol. La obra ya está terminada.

Se dice acerca del alunizaje: “¿Ven? Esto nunca ha sucedido antes”. Ha sucedido en edades pasadas, pero no hay memoria de las cosas antiguas. Tenemos una memoria pequeña, no hay memoria de las cosas pasadas; ni habrá memoria de las cosas que vendrán después entre los que vendrán. Pensamos que todo es ahora, como una obra de teatro.

Tú vas a una obra esta noche. Yo vi una obra anoche. Pero para ti todo será nuevo, y te reirás esta noche como yo me reí la noche anterior. Y llorarás, como yo lloré la noche anterior. Y pensarás que todo es nuevo conforme se desarrolla ante tus ojos; y yo lo vi la noche anterior. Y esta es una obra maravillosa en la que hemos sido colocados con un propósito. Hay un propósito detrás de todo esto.

Así que no somos pequeños seres que comenzaron. ¿Yo comencé humanamente hace casi 65 años? No. Yo salí del Padre, y el Padre no tiene principio, no tiene padre, no tiene madre, no tiene genealogía. No tiene género, no tiene número. Yo salí de esa Fuente que no tiene origen. Es el Origen de todo. Y entré en un mundo que parece comenzar y terminar. Así es como Dios se expande a Sí mismo. Él toma sobre Sí el límite de la contracción, el límite de la opacidad; para que, habiendo llegado al límite, pueda comenzar otra vez a expandirse. No hay límite para la expansión, ni límite para la transparencia.

Así que Él envía una parte de Sí mismo para ir más allá de lo que era, pero primero alcanzando el límite de la contracción. Y así es como Dios se está expandiendo perpetuamente. Y nosotros somos los “hijos de Dios”. Pero se necesitan todos los “hijos” para hacer a Dios.

Así que cuando somos reunidos uno por uno de regreso en esa forma resucitada, el Señor Resucitado, no perdemos nuestra identidad. Yo te conoceré en la Eternidad. ¿Sabes por qué? Te conocí antes de que te pusieras esta “máscara” y entraras a este mundo con ella. No puedo ver detrás de la máscara; es como un baile de disfraces, un gran baile. Y aquí mi amigo más íntimo lleva una máscara, y no lo veo. Lleva un rostro negro, o un rostro blanco, o un rostro amarillo; pero lleva un rostro que no reconozco. No puedo reconocerlo en absoluto. Pero detrás de la “máscara” está mi hermano, a quien conocí en la Eternidad, y a quien volveré a conocer cuando él despierte del sueño de la vida y yo despierte del sueño de la vida.

Regresamos a la misma forma, mejorada más allá de toda medida, porque salimos del mundo de la “muerte”, habiendo entrado deliberada y conscientemente en el mundo de la “muerte”. Y cada uno tiene un papel que interpreta en este mundo, al cual todos nos ofrecimos voluntariamente cuando vinimos.

Nadie puede quitarme la vida. Yo la puse por mi propia voluntad. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar; y nadie me la quita (Juan 10:18). Bajamos deliberadamente a este mundo para interpretar estos papeles, para que podamos expandir nuestra conciencia más allá de lo que era antes de nuestro descenso a este mundo. Porque: “Nadie puede subir al cielo, sino el que descendió del cielo” (Juan 3:13).

No podría salir del sepulcro si no estuviera en él. No podría salir de este mundo de “muerte” si no hubiera descendido primero a él. Porque: “Nadie puede ascender sino el que primero descendió, el Hijo del Hombre” (Juan 3:13).

Así que el “Hijo del Hombre” es un nombre para el “Hijo de Dios”. Y ese “Hijo de Dios” eres tú. Así que, quienquiera que seas, si llevas el nombre de Juan, o cualquier otro nombre, tu verdadero nombre es Jesús. Porque cuando sales, Él te da un nombre que es sobre todo nombre, y todo nombre que no sea Jesús, en la tierra y en el cielo, se doblará y confesará que Jesús es heredero de la Gloria de Dios el Padre (Filipenses 2:9–11). ¡Y tú eres ese Ser! Y nunca hubo otro. Jesús es la verdadera identidad de todo hijo nacido de mujer. Y Jesús en ti es tu propia maravillosa imaginación humana. Ese es Jesús.

Ahora, en este mundo puedes probarlo. Puedes probarlo, porque Él es el Poder de Dios y la Sabiduría de Dios (1 Corintios 1:24). ¿Cómo lo pruebo? Me atrevo a asumir que soy lo que la razón niega, y camino en la asunción de que soy eso, y si persisto en esa asunción, se endurecerá en hecho. Y si “por Él fueron hechas todas las cosas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho fue hecho” (Juan 1:3), y de pronto me encuentro con la cosa misma, habiéndola asumido cuando la razón negaba el hecho, ¿no lo he encontrado? Si “por Él todas las cosas son hechas”, y me atrevo a asumir lo que mis sentidos niegan y la razón niega, y aun así persisto en la asunción, y finalmente se endurece en hecho, ¿no he encontrado entonces al que hace las cosas? Y si “por Él todas las cosas son hechas, y sin Él nada de lo que es hecho fue hecho”, y he encontrado exactamente cómo lo hice, y lo hice simplemente asumiendo que soy lo que me gustaría ser, aunque en el momento de mi asunción todo niegue que yo pudiera ser eso, y luego me convierto en eso, entonces he encontrado a Jesús.

Yo solo asumí que yo era aquello que mi razón negaba. ¿Cómo lo hice? Imaginando. He descubierto que mi Imaginación es el Señor Jesucristo, pero finalmente despertaré como el Señor Jesucristo. ¿Cómo lo sé? Lo sé por experiencia: todo lo que está registrado en la Escritura acerca de Jesús, yo lo he experimentado, todo, no me importa qué sea.

Yo “llevo” esta “cruz”; y déjame decirte que cuando tú y yo fuimos crucificados en estas “cruces”, fue puro éxtasis. No fue doloroso en absoluto, a pesar de lo que enseñan las iglesias. Fue puro éxtasis cuando me sentí “clavado” en esta “cruz”. Había vórtices girando: cada mano un vórtice, mi cabeza un vórtice, cada pie un vórtice, mi costado derecho un vórtice. Y aquí están estos seis vórtices, y no puedo describir el éxtasis, puro gozo, cuando esa noche reviví el momento de la crucifixión. Nadie me clavó en una cruz de madera. Esto [señalando el cuerpo físico] es la “cruz”. Y lo hice deliberadamente. Luego la memoria se desvaneció. Estoy en un mundo de “muerte”.

Así que la crucifixión no fue un acto doloroso. Fue un acto delicioso, tomado deliberadamente por Dios cuando en verdad se clavó a sí mismo por medio de vórtices en la cruz del hombre. Luego pasas por todas las etapas, y después llega el momento en que estás por dejar este mundo por última vez, y eso da inicio a tu resurrección. Y tu resurrección es algo glorioso. Realmente lo es.

Despiertas y te encuentras completamente sellado dentro de tu cráneo. Tu cráneo es una tumba, y te descubres despertando de un sueño muy, muy largo. No tienes memoria de quién te puso ahí, pero sabes que tu cráneo es una tumba, y ahí estás, en una tumba, ¡pero la tumba es tu cráneo! Y despiertas, y te pones de pie dentro de tu cráneo, un ser tal como eres. ¡Y no hay absolutamente nada en ese cráneo sino tú! Nada hay en él.

Y ahora tienes un solo deseo que lo consume todo, y es salir, y tienes una sabiduría innata de lo que debes hacer, y empujas la base de tu cráneo, y algo cede. Se abre, dejando una pequeña abertura. Entonces metes la cabeza y te vas apretando para salir, centímetro a centímetro, como un niño saliendo del vientre, solo que en lugar de ser el vientre de otro, ¡es el cráneo de tu propio ser! Eres “nacido de lo alto”. Y ahora toda la imaginería de la Escritura te rodea. Aquí están los “sabios”, hombres normales como tú, sentados donde está el cuerpo del cual saliste, y estos tres son los testigos de tu “nacimiento”. No pueden verte porque ahora eres espíritu, pero saben quién fue el que nació. Y uno dirá, llamándote por tu nombre, en mi caso dicen: “Es el hijo de Neville”. Encuentran a un pequeño bebé envuelto en pañales, acostado en el suelo, y anuncian de quién es el hijo. En mi caso, uno de ellos dijo: “Es el bebé de Neville”.

Los otros dos, con las voces más increíbles, preguntaron: “¿Cómo pudo Neville tener un bebé?”. Él no discute el punto; simplemente muestra la evidencia. Y yo tomé la evidencia, el bebé envuelto en pañales, lo sostuve en mis brazos y dije: “¿Cómo está mi amor?”. Y entonces todo comenzó a disolverse, y desperté en mi cama.

Aquí, este viento de otro mundo está presente durante todo el proceso. El viento es el espíritu, porque las palabras viento y espíritu son la misma tanto en hebreo como en griego. Este viento de otro mundo está ahí a lo largo de todo el drama.

Luego todo lo que se dice en la Escritura acerca de Jesús comienza a desarrollarse, y se desarrolla en mil doscientos sesenta días, como se nos dice tanto en Apocalipsis como en el libro de Daniel. Y aquí tienen lugar cuatro actos poderosos, y tú eres la figura central del drama.

Apenas puedes creer que algo escrito hace incontables siglos pudiera ser tan exacto respecto a un plano, un plano de salvación. Todos pasarán por la misma técnica, el mismo drama, ¡y todos despertarán como el Señor Jesucristo! Y como no hay dos, sino uno solo, todos serán reunidos en “un solo cuerpo, un solo espíritu, una sola esperanza, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos”, que está sobre todos, por todos y en todos (Efesios 4:4–6). Solo uno, todos reunidos sin pérdida de identidad, y todos son el padre de ese único Hijo que llega a tu experiencia en el segundo acto. En el segundo acto él se presenta ante ti y te llama: “Padre”; y sabes que eres su padre, y él sabe que es tu hijo; y no hay ninguna incertidumbre sobre la relación entre tú y el hijo, que es el Hijo de Dios. Así que solo por medio del Hijo llegarás a saber Quién-Eres-Realmente.

En este mundo puedes tener muchos hijos y muchas hijas; pero solo hay un Hijo que se manifiesta como el Hijo de Dios. Y tú eres el padre de ese Hijo. Y solo cuando Él se para frente a ti y te llama: “Padre”, sabes realmente Quién-Eres.

Así que, al final, todos regresan al Padre como el Padre. Y tú y yo somos un solo Ser cuando regresamos de esta división, que existe con un propósito. Así que somos seres preexistentes. No comenzaste en el vientre de tu madre terrenal, y no terminas en la tumba cuando alguien te coloque ahí en un futuro no muy lejano. No tengas miedo; ¡has ido ahí incontables veces! Pero solo naces dos veces: una a través del vientre de la mujer, y una a través del cráneo del hombre, del hombre genérico.

“Si no naces de lo alto, no puedes entrar en el Reino de los Cielos” (Juan 3:3).
“¿Tú eres maestro de Israel, y no sabes, Nicodemo, que si no naces de lo alto, no puedes entrar en el Reino de los Cielos?” (Juan 3:10, 3:3).

No, él no lo sabía; y sin embargo era miembro del Sanedrín. Es como decir hoy que alguien es un cardenal de la Iglesia Católica Romana, un sacerdote de la iglesia, y no lo sabe, igual que hoy no lo saben, ni el Papa lo sabe. Hasta que sucede en ellos, no pueden hablar por experiencia. Y yo no estoy teorizando, ni estoy especulando; les estoy diciendo lo que sé por mi propia experiencia. También sé que todos tendrán la experiencia, y nadie fallará, porque entonces Dios fallaría, y eso es imposible.

Todos Sus hijos descendieron, porque Él los reunió a todos en Sí mismo; y no puede nacer en este mundo ni un solo niño que no tenga como antepasado a un Hijo de Dios que viene con él. Y ese Hijo de Dios no puede rendirse.

Ahora bien, la Escritura nos lo dice de tantas maneras hermosas. Juan no cuenta la historia del nacimiento como la cuenta Lucas y como la cuenta Mateo, pero Juan es el más profundo de todos los Evangelios. Juan la cuenta, pero la cuenta en un simbolismo que la gente no entiende. La cuenta en la forma del cráneo. Se llama Gólgota. “Gólgota” significa “cráneo”. Cuando lo pusieron en el sepulcro, el sepulcro estaba vacío, pero los lienzos estaban ahí; y cerca de los lienzos, pero no con ellos, estaba el sudario. Pues bien, Juan escribió la doctrina mística más profunda. La está contando en simbolismo para quienes entienden.

Los “lienzos” son llamados por todos los místicos la “vestidura”, esta vestidura de carne y sangre, aquello que la mujer teje para el hombre. Así que el cuerpo estaba ahí, del cual el espíritu ascendió. Entonces, ¿qué es el “lienzo”? El “lienzo”… ese es el cuerpo. Entonces, ¿qué es el “sudario”? En el mundo antiguo, “sudario” tenía un significado mucho más amplio que hoy. Hoy “sudario” puede significar un pañuelo, una servilleta, incluso un artículo sanitario. Pero en el mundo antiguo “sudario” significaba la posparto, la placenta, aquello que no es parte del cuerpo después del nacimiento, pero que debe ser expulsado del cuerpo. Y así, no es parte del cuerpo después de que algo ha nacido. Así que, después de que el Señor nace, eso es solo la señal de Su nacimiento. Por eso, el “sudario” no fue hallado con los “lienzos”. Fue hallado aparte de los “lienzos”. Quienes entienden el simbolismo sabrán lo que Juan intenta decirle al lector: que tuvo lugar un nacimiento. ¿Dónde? En el cráneo, porque esta es una descripción del cráneo.

Llegaron a Gólgota donde fue sepultado. Fue crucificado en Gólgota, y fue sepultado en Gólgota, y resucitó del mismo sepulcro en el que fue sepultado; y es Gólgota, que significa el cráneo. “Cráneo” significa el “cerebro”. “Calvario” es el cráneo. Así que aquí encuentras dos objetos: el cuerpo, simbolizado como los “lienzos”; y luego encuentras el símbolo del nacimiento, y ese fue el “sudario”. Pues bien, el sudario simplemente era la posparto, significando para quienes entendían el simbolismo lo que tuvo lugar en ese cráneo. Ocurrió un nacimiento, pero Aquel que nació ahora es Espíritu, y los ojos mortales no pueden ver el Espíritu. Dios es Espíritu. Y no vas a ver la forma maravillosa, es Dios naciendo. Solo verás la “vestidura” de la cual nació.

Así que Él vino al mundo y tomó la “cruz” y permanece en este mundo. Incontables veces pasa por la puerta llamada “muerte”, y es restaurado en un cuerpo similar para continuar la lucha hasta el final; y al final mismo, entonces nace, “nace de lo alto”. ¡Y ese “nacimiento de lo alto” es Dios naciendo!

“A ustedes, hoy, en la Ciudad de David, les ha nacido un Salvador”, y el “Salvador” en la Escritura es el Señor.
“Yo soy el Señor tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador; y fuera de Mí no hay salvador.” El único Salvador que ha de nacer sería el Señor Dios Jehová. Así que el Salvador nace, pero no pueden creerlo. Ven la forma de la cual salió, y ven la evidencia del nacimiento cuando ven el sudario. Así que Juan, el más profundo de los evangelistas, lo contó a su manera maravillosa y única.

Cuando ahora lo lees en el libro de Lucas y en el libro de Mateo, se cuenta tan claramente como un nacimiento normal que la gente lo ha confundido con el nacimiento natural del vientre de la mujer. No tiene nada que ver con el vientre de la mujer, porque ese trae a todos los seres a la esclavitud. Todo niño que viene por el vientre de una mujer lleva la cruz del esclavo; pero cuando sales del cráneo del hombre, ahora eres libre del mundo de la “muerte”, ¡y es Dios el que nace! Así que viniste del Padre y viniste al mundo. De nuevo, un día dejarás este mundo de “muerte” y regresarás al Padre. Pero cuando regreses, tú, el Poder Creador de Dios y la Sabiduría de Dios, habrás sido expandido más allá de los sueños más salvajes. Entonces estarás verdaderamente glorificando a Dios. Y puedes decir, como en el capítulo 17 de Juan: “He acabado la obra que me diste que hiciera. Ahora glorifícame Tú con Tu propia gloria, con el Ser que tenía contigo antes de que el mundo fuese” (Juan 17).

Si tenía esta “gloria contigo antes de que el mundo fuese”, ¿no es eso preexistencia? Ahora estoy pidiendo, habiéndome vaciado de mi gloria para realizar esta obra en el mundo de la “muerte”, estoy pidiendo regresar a aquello que dejé para poder descender al mundo de la muerte.

No puedo fingir que estoy aquí. No finjo que soy un hombre. Tomé sobre mí todas las debilidades y todas las limitaciones del hombre. Si hubiera venido a este mundo sabiendo que era Dios todo el tiempo, no podría haber logrado nada. Tuve que vaciarme completamente de mi Padre para cumplir el plan. Si hubiera venido sabiendo, bueno, podría hacer cualquier cosa si conociera el poder de Dios; pero tuve que vaciarme por completo.

Cuando digo “yo”, hablo colectivamente, todos nosotros. Así que no estamos fingiendo que somos hombres. Tuvimos que convertirnos realmente en hombres en este estado llamado “muerte”, y “llevar” la “cruz” del hombre, no fingiendo, sino sintiéndolo realmente, para poder clamar en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46). Puedo olvidar tan completamente Quién Soy que clamo a un dios distinto de mi propio Ser como si existiera tal dios, y le pregunto: “¿Por qué me desamparaste?”, demostrando que no fingía ser un hombre. Tuve que convertirme realmente en hombre y olvidar completamente que era Dios, y vaciarme antes de poder convertirme en hombre.

Eres un ser preexistente, pero en este momento aún no eres consciente de ello. Espero que no falte mucho para que despiertes y tengas todas las experiencias de las que he hablado, las que yo he experimentado. Hablo por experiencia. La historia de Jesús es la historia de la humanidad. Y un día, todos, todo hijo nacido de mujer, tendrá esa experiencia de Jesús y sabrá que él mismo es el Señor Jesucristo.

Entremos en el Silencio.

(Después del Silencio):

Pregunta de una dama: Nos ha dicho que cuando dejamos este segmento del tiempo, somos restaurados a otro mundo, igual a este. ¿Volvemos y representamos estos papeles de nuevo?

Neville: No, ustedes ya los han representado. Pero “Hamlet” permanece después de que Burton interpretó el papel, para ser representado por otros actores que lo interpretarán un poco diferente. Cuando Blake hizo esa declaración que parece confundir a tantos eruditos —dijo: “Muchos suponen que antes de la Creación todo era soledad y caos”— él dijo: “Esa es la idea más perniciosa que podría entrar en la mente del hombre, porque le quita toda sublimidad a la Biblia… y hace que quien alberga ese pensamiento sea un pequeño gusano arrastrándose.”

Ahora hace esta audaz, audaz afirmación:
“La Eternidad existe, y todas las cosas existen en la Eternidad, independientemente de la Creación, que fue un acto de Misericordia.” (de A Vision of the Last Judgment)

Él contempla el vasto mundo entero, con todo lo que hay en él y todas las combinaciones —todo como parte de la estructura eterna del universo. Lo que él entiende por “creación” es que aquí esta estructura se anima mediante el espíritu que entra en el cuerpo. Yo entro en “Hamlet”, y Hamlet se convierte, ahora, no solo en un disfraz colgado en una obra, sino en un ser vivo, animado.

Primero animamos el cuerpo, pero eso no es lo último de la creación. Entonces debo convertirme, no solo en un ser viviente, sino en un espíritu que da vida. Ahí es cuando despertamos del sueño de la vida, donde solo soñamos el viaje, y nos convertimos en espíritus que dan vida —uno con Dios Padre.

Porque, “como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le concedió al Hijo tener vida en sí mismo.” (Juan 5:26)

Así que, hasta que eso forme parte de mi ser, solo soy un cuerpo animado —animando la forma que “uso”.

Entonces, estos “disfraces” serán “interpretados” por actores, y “Dios solo actúa y está en los seres existentes o en los hombres.” El actor en el Hombre es su imaginación. Eso es Dios.

Pregunta de un caballero: ¿Hay alguna señal por la cual uno pueda saber que es tiempo de despertar?

Neville: Lo abordaré el viernes por la noche en “Eschatología”. “Eschatología” simplemente significa la doctrina de las últimas cosas. Pero cuando estas cosas aparecen, sabrán que el tiempo está cerca. Eso es eschatología, la doctrina de las últimas cosas.

Así que, si estás profetizando, como algunas personas dijeron el otro día —decían que California se hundiría en el océano o algo así— no tienen idea de cuántas personas inteligentes dejaron el Estado y se fueron a otro lugar. Ahora están regresando muy apenados.

Tengo algunos amigos —no me dirían por qué se fueron, pero un día me llamaron de repente. Tiene un ingreso hermoso sin trabajar. Tiene una casa preciosa en Encino —una casa encantadora. He ido varias veces. Es un anfitrión maravilloso. No tienen hijos —él y su esposa; tienen un perro y un hogar hermoso, con jardines hermosos y árboles frutales. Dejaron esa casa y se mudaron a Arizona, y me dieron la excusa de que, “Oh, el smog era tan terrible.” Hemos tenido eso durante años; pero de repente, después de todos esos años, ya no lo soporta. Pero supe exactamente, cuando habló por teléfono, supe intuitivamente por qué se iba. Esperó seis semanas, y no se hundió; así que regresó. Después de unas dos semanas me llamó, y supe por su tono de voz que esperaba que no sospechara, pero nunca se lo diría. ¡Sería cruel decirle que sabía eso!

Pero escucha todos esos pequeños programas de radio por la noche —estos programas que la gente hace para vender pasta de dientes; y toda la noche se queda despierto, en lugar de leer la Biblia o algún gran trabajo —leer un poema hermoso, los grandes poetas, léelos. No, enciende la radio, y toda la noche toma notas de estas cosas tontas, por cierto. Incluso las pone en papel —escribe cartas a los periódicos. Bueno, por supuesto, no necesita trabajar; tiene un ingreso hermoso, pero tal vez necesita una ocupación para mantener su mente ocupada con todas estas tonterías.

Pero no tienen idea de lo que hará la gente, ¡y son personas inteligentes! Este hombre es muy inteligente, juzgado por los estándares humanos. Pero “la sabiduría de los hombres es necedad ante los ojos de Dios.” Así que, ¿qué puedes hacer? Déjalos en paz.

Pregunta de una señora: [La pregunta es en gran parte inaudible en la grabación.] ¿Tienen advertencias de estas experiencias?

Neville: Querida, no. Llegan de repente, “como ladrón en la noche”, sin advertencia. Fue aquí mismo, en esta ciudad, en ese hotel, ahí fue donde comenzaron las mías, y luego, cuando regresé a mi casa en Southern California, los otros tres eventos mayores ocurrieron a lo largo de un período de tres años y medio, o mil doscientos sesenta días. Puedes contarlos hasta el día exacto, y da exactamente 1,260 días, tal como se nos dice en la Escritura.

No tienes ninguna advertencia, pero sí ocurre algo antes de eso. Pero te lo diré, te lo diré el viernes. Hay un impacto que llega primero a la mente; la mente queda impactada. Y luego, de repente, sin advertencia, el niño nace, tú naces. Llegarás a David. Todas esas cosas ocurren en ti, como si estuvieran sucediendo en un mundo tan real como este. Pero explicaré esto en detalle, lo mejor que pueda, cuando mi tema sea: “Escatología”.

Ahora, todos hablan de “escatología”, pero me pregunto cuántos de ellos saben de qué estoy hablando. Leí en el periódico que alguien estaba hablando de escatología; pero lo que él quiere decir con “escatología” está tan lejos de la verdadera escatología, que lo que quiere decir es que Jesucristo va a venir en la carne en un futuro no muy lejano, y espera estar aquí para encontrarse con Él: algo que viene de fuera. ¡No tiene la menor idea de quién es Jesucristo, ni la más mínima idea! No se da cuenta de que “Jesucristo” es el Cristo Cósmico que está enterrado en la humanidad. La humanidad es la “cruz” que Él “lleva”. Y cuando Él viene, no viene de fuera; viene desde dentro, como Aquel en quien Él se levanta.

Él está esperando que venga algún ser desde afuera, y que él esté ahí para darle la mano a una persona externa. Ha logrado que cincuenta mil personas pasen al frente y confiesen a Cristo. ¿A qué Cristo? Bueno, esa es la extraña idea que tiene en el ojo de su mente acerca de Cristo. No tiene la menor idea de lo que realmente es Jesucristo.

Pregunta de una señora: [La pregunta es inaudible en la grabación.]

Neville: Primero que nada, esto es la Escritura, tal como está registrada en la Biblia. Él no conocía la Escritura, y así se los dijo. El que se nombra es Nicodemo; y Nicodemo lo siguió. Los otros pensaban que la conocían conformándose a la letra. Él dijo: “He venido a interpretar la Escritura. La Escritura debe cumplirse en mí”; y ellos pensaban que se cumplía por fuera obedeciendo los llamados mandamientos externos, y no era así en absoluto.

Así que no puedo quedarme en silencio cuando veo estas contradicciones tan flagrantes del mayor misterio del mundo; y un individuo muy publicitado no significa nada para mí. No me impresiona ningún individuo publicitado. Puedo tomar a cualquier agente de prensa y enviarlo a promocionar a alguien si tuviera suficiente dinero, como esta cosita llamada Maharishi‑algo, y lo escuché en la televisión. Le dijeron: “Ahora te estás promocionando. Jesús no hizo esto.”
¿Sabes lo que dijo? Dijo: “Bueno, por eso tardó tanto en empezar.”

La señora: [Algo acerca de “cruel”.]

Neville: ¿Cruel? Bueno, querida, si eso es cruel, lo siento. Pero no puedo ver nada de cruel en tomar un disparate y callarlo. Si ahora mismo me dieras un papel en el que me escribes algo completamente equivocado y falso, basado en la Escritura, y yo lo rompiera, no llamaría a eso crueldad. Te estoy instruyendo.

El hombre vive en este mundo mediante la lucha. Lo primero que haces con un bebé cuando llega a este mundo es darle una palmada para que llore y así pueda respirar. Consiente demasiado a alguien, y vas a terminar con un montón de hippies en el mundo.

Pregunta de otra señora: ¿Es correcta la Biblia cuando dice… [la mayor parte de la pregunta no se escucha en la grabación]. Me gustaría mucho saberlo. Es muy importante para mí entender qué significa eso.

Neville: Querida, la Biblia no es historia secular. Así que no busques el 2 de julio ni ninguna otra fecha o momento del año. La Biblia es historia sagrada. No registra ningún evento que haya ocurrido alguna vez en la tierra. No está hablando de ningún hombre que haya caminado alguna vez sobre la faz de la tierra. Estás confundiendo completamente personificaciones con personas.

La señora: Pero si miras el capítulo…

Neville: No me importa qué capítulo, querida. No es historia secular. La Biblia es historia sagrada, y ya ha sido llevada a su clímax y cumplimiento. El clímax es Jesucristo. Ya está terminado; la “obra” está terminada, como las obras de Shakespeare están terminadas, pero se representan una y otra vez, y cada una llega al clímax con el telón final. Un día tú llegarás al clímax de la “obra”, y tú eres Jesucristo; y nadie lo va a saber. Se lo dirás a quienes quieran escucharte, pero no estás actuando para la galería. No importa quién en la tierra sepa que despertaste dentro de ti mismo como Jesucristo. Los de lo alto, que esperan tu regreso, están regocijándose. Los de la tierra están dando toda su alabanza a las personas altamente publicitadas. Hubo un tiempo, no muy lejano, cuando decenas de millones aclamaban a Hitler y pensaban que él era el salvador del mundo. Decenas de millones aclamaban a Stalin. Él se aseguró de que se construyeran estatuas para él. Incluso renombró una de las ciudades con su propio nombre, Stalingrad. Ahora se llama Volgograd.

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