Conferencia de Neville Goddard (1969-12-01)
El mundo cristiano llama a esto la temporada de Adviento, la venida del gran acontecimiento o de la persona, la venida del Señor Jesucristo. Claro, Pablo, en su carta a los Gálatas, no lo condena, pero se pregunta si realmente captaron el mensaje, diciendo: “Noto que observan días, meses, estaciones y años. Temo haber trabajado en vano por ustedes” (Gálatas 4:10–11). No hay nada de malo en observar esta temporada del año, siempre y cuando se entienda como la venida del gran acontecimiento o de la persona.
Esta noche les diré lo que sé por experiencia, de donde nació mi convicción. Sin embargo, debo usar ciertas imágenes para explicarlo, así que les pido que me sigan en su imaginación. Su maravillosa imaginación humana es una reproducción de la Imaginación Divina. Piensen en la imaginación humana como células cerebrales en la mente del soñador, que la Imaginación Divina envió al infinito con un propósito divino. Estas células cerebrales están destinadas a regresar, como un búmeran, directamente al centro de la Imaginación Divina como el soñador, que es Dios Padre.
El salir como hijos no es fácil. Nunca estuvo destinado a serlo. Se necesitan los horrores del mundo para despertar y expandir a Sus hijos hasta convertirse en Dios Padre. Se los prometo: llegará el día en que el aliento divino soplará sobre ustedes y despertarán en su tumba inmortal. Ustedes también saldrán de esa tumba para sostener al niño en sus brazos. Él será el símbolo de su retorno, revelando el fin de sus horrores. Aunque entonces ustedes son Dios Padre, no lo descubrirán por sí mismos sino hasta ciento treinta y nueve días después, cuando el Hijo de Dios, David, revele su verdadera identidad.
Antes de retirarme anoche, me preguntaba de qué les hablaría, y esta mañana, como a la 1:30, me encontré preparando la cena para tres amigos. (De dos de ellos me encargué de sus funerales hace muchos años en New York City. Tal vez la tercera ya partió, pues no he sabido de ella desde hace mucho tiempo). Estaba sirviendo ñames de Barbados, que no son como los que tenemos aquí. Es una raíz que puede pesar desde dos hasta treinta libras. Su cáscara es de color café oscuro, mientras que el interior es blanco como la nieve.
Cuando me acercaba a la mesa, se aproximaron dos chacales o zorros plateados, saltaron sobre la mesa y, de la manera más feroz, el chacal padre arrancó un gran pedazo de la espalda de su hijo y comenzó a clavar a su hijo sobre una tabla cuyo centro estaba ahuecado para encajar ese pedazo. La parte extendida de la cruz era de madera, mientras que el cuerpo del hijo formaba la parte vertical de la cruz. Entonces desperté.
Esta mañana fui a The Lost Language of Symbolism, de Bayley, donde leí que el chacal es el que encuentra el camino en el desierto. Se le equipara con el dios egipcio Osiris, quien, como “el que abre los caminos hacia los dioses, lleva a tres a las montañas”.
En el público esta noche hay dos señoras cuyas experiencias me gustaría compartir. Una señora se encontró en medio de una multitud, mirando a una mujer rodeada de tres hombres, quienes de pronto desaparecieron. La señora se acercó y preguntó sus nombres, a lo que mi amiga respondió: “Fe, esperanza y caridad”. (La palabra “caridad” se traduce como “amor” en la Versión Estándar Revisada de la Biblia, y amor es lo correcto). Qué visión tan maravillosa para ella. Vio a los tres que él llevó a la cima del monte y conocía sus nombres.
El Padre nos tomó, a nosotros, las células cerebrales de Su propio ser, y nos clavó en la cruz para que salgamos al infinito en una horrible pesadilla. Luego, como un búmeran, nos enrollaremos y regresaremos al centro del soñador del sueño como Dios Padre.
Este es el gran misterio de la Navidad, el día en que Dios Padre nace como Jesús, que significa “salvador”. En los capítulos 43 y 45 del libro de Isaías leemos: “Yo soy el Señor tu Dios, el Santo de Israel, tu salvador, y fuera de mí no hay Dios” (Isaías 43; 45). Aquí descubrimos que Jesús, nuestro salvador, es el mismo Señor Dios.
Todos regresarán al mismísimo corazón del soñador como el propio soñador. Fuiste clavado y enviado al infinito para experimentar todos sus horrores, y cuando los hayas experimentado todos, regresarás como el ser que concibió el mundo y representó todos los papeles. Este es el misterio de la Navidad. Todos, finalmente, sabrán que son el que es llamado Jesús. La palabra “Cristo” es la palabra griega para “mesías”, y simplemente significa “el ungido de Dios, para gobernar a todo el pueblo de Dios”. Jesús es el mismo Señor Dios y Cristo es Su ungido, quien salvará al pueblo de sus pecados y los librará de sus conquistadores.
¿Quién es este ungido? David. Aquel que libró a Israel de los filisteos y derribó al gigante Goliat. Cuando regreses a tu fuente, sabrás que eres Dios Padre y que Su hijo, David, es tu hijo, porque David se parará ante ti y te llamará “Padre”. Entonces, y solo entonces, sabrás quién eres realmente.
Lo que vi en visión fue una hermosa imagen de aquel que encuentra el camino en el desierto. Clavado en tu cruz, interpretas el papel de hombre hasta que regresas, no como hijo de Dios, sino como Dios mismo. Al salir del paraíso como un pequeño, vences a la muerte y regresas, expandido para abarcarlo todo, como el propio soñador. Este es el misterio de la Navidad, que está ocurriendo en cada momento del tiempo.
Otra señora compartió esta experiencia, diciendo: “Estuviste conmigo toda la noche, explicando el misterio de imaginar. En un momento dijiste: ‘Vengan, hermanos, muestren cómo funciona’, e instantáneamente apareció un hombre a mi izquierda, y otro hombre, sosteniendo un libro de cuentas abierto, apareció a mi derecha. Al acercarse al hombre de mi izquierda, él dijo: ‘Nuestros fondos se han agotado’. Mirándolo fijamente, el hermano no dijo ni una palabra, simplemente se dio la vuelta y desapareció. Entonces me dijiste: ‘¿Ves? Es así de fácil. Simplemente haces lo que debe hacerse y sigues tu camino’. El que tenía el libro de cuentas, ahora con una expresión de alegría en el rostro, mira el libro y ve que, por algún milagro, el dinero está registrado ahí”. Yo le mostré cómo funciona la imaginación. Creyendo en la realidad de un estado no visto, mi hermano imaginó que el libro de cuentas mostraba un saldo saludable, tal como el hombre deseaba que fuera.
Ahora bien, en la carta de Pablo a los Gálatas, él dice: “Pablo, apóstol del Señor Jesucristo, no de parte de hombres ni por medio de hombre alguno, sino por medio del Señor Jesucristo y de Dios Padre, que lo resucitó de entre los muertos” (Gálatas 1:1). Aunque la carta está firmada “Pablo”, es una carta corporativa “de parte de los hermanos que están conmigo”. Los hermanos son aquellos que han despertado del sueño de la vida. Yo la presenté a los hermanos, quienes le mostraron lo fácil que funciona la ley de imaginar. Al mirar fijamente, él vio que el libro de cuentas reflejaba un saldo en negro, y luego siguió su camino, sin preocuparse por cómo habría de suceder, pues la expresión de asombro en el rostro del otro hombre indicaba el cambio.
Esto es lo que intento transmitir a todos los que quieran escuchar. La ley puede comprobarse, pero la historia de Cristo no puede probarse en este nivel. Su verdad solo puede conocerse a través de la experiencia. Si tan solo imaginas que ya eres el hombre o la mujer que deseas ser y caminas convencido de que ya lo eres, en un abrir y cerrar de ojos el balance cambiará. Las cosas comenzarán a suceder en tu mundo exterior y tu deseo se cumplirá. No necesitas preocuparte por cómo sucederá; simplemente deja que tu Imaginación lo cree.
Aparecerá de una manera tan normal y natural que te sentirás inclinado a atribuir el resultado a los medios utilizados, en lugar del acto imaginal que lo produjo. El mundo dirá que habría sucedido de todas formas; pero déjame decirte algo: no habría sucedido, porque imaginar crea la realidad. No podría haber ocurrido sin tu acto imaginal que lo sostuviera, pero cuando se manifiesta, siempre aparece a través de medios naturales. Es milagroso solo para el individuo que ve el cambio radical y recuerda su acto imaginal, el cual creó los medios que produjeron el resultado final.
Dentro de unos días celebraremos el nacimiento de la Imaginación en el individuo. No pienses que algún pequeño individuo nació hace 2,000 años. Todos acordaron salir y experimentar los horrores de su propia creación, sabiendo que regresarían a la mente del soñador como el Soñador mismo. Este regreso se narra en los evangelios. La historia comienza con la resurrección, porque sin ella no podría haber nacimiento, ni expansión, necesaria para abarcar a Dios el Padre.
El aliento divino soplará sobre ti y despertarás en tu tumba inmortal con una sabiduría innata, incorporada, acerca de cómo salir de ella. Todos estamos en esa misma tumba inmortal, como se nos dice en el Salmo 87. Señalando distintos lugares dentro de la misma tumba inmortal, dice: “Este nació aquí, aquel nació allá, y aquel otro aquí” (Salmos 87:5). Al salir de esa tumba, todos están destinados a sostener al niño Cristo en sus brazos y decir: “Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra” (Lucas 2:29).
Habiendo escuchado la historia de la salvación, créela y simplemente continúa tu viaje hasta cumplirla. Permíteme decirte algo: nadie tropezará. Nadie puede fallar, ni siquiera el ser más horrible imaginable, porque él es un hijo de Dios, interpretando el papel que le corresponde. Todos representarán cada papel para poder decir: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Yo he interpretado todos los papeles. Mi memoria ahora está regresando, y estoy recordando los horrores de mis actos; por eso ahora puedo perdonar a todos por lo que estén haciendo o vayan a hacer, porque esas cosas las aceptaron realizar mientras avanzan hacia el final del drama. Luego, habiendo salido hasta el infinito, se encorvarán como un búmeran para regresar a la mente del soñador como aquel que los lanzó.
Mi sueño no fue algo agradable de ver. Allí estaba este padre enorme, arrancando una gran porción de la espalda de su hijo; y luego, como si tuviera manos humanas, lo colocaba sobre su espalda y lo clavaba a la madera, dejando el madero vertical como si fuera el cuerpo mismo. Ese era el chacal, el Osiris egipcio, el que abre camino en el desierto, el que conoce la senda y lleva a los tres hasta la cima de la montaña. Los tres que llevas contigo a la cima no son Pedro, Pablo y Santiago, sino la fe, la esperanza y el amor, los tres que la mujer vio con tanta claridad en su visión (1 Corintios 13:13).
La mujer que aprendió a usar la ley también la vio con absoluta claridad. La ley opera por la fe. Si crees, no se requiere ningún esfuerzo para ver el cumplimiento de todos tus deseos. Si vas al banco y tienes allí depositado un monto igual al de tu cheque, entregas el cheque con la certeza de que, gracias a tu fe, te darán el dinero que deseas. Trata tu deseo de la misma manera. Sabiendo que tu deseo existe en tu imaginación, simplemente espera su cumplimiento en tu mundo exterior. Pruébalo. Yo he vivido conforme a esta ley toda mi vida y sé que, al aplicar este principio, todos tus deseos se cumplirán.
Ahora bien, la tradición nos dice que la temporada navideña comienza el Día de Andrés, que es el domingo más cercano al 30 de noviembre. En el relato del evangelio, Andrés es el primer discípulo en la lista de los doce, por lo que su día marca el inicio de los cuatro domingos conocidos como Adviento, la venida del gran acontecimiento o persona, la venida del Señor Jesucristo.
Pero cuando Jesús venga, no verás a un ser externo, porque él está en ti, y su venida es su despertar en ti, como tú. Tú ya eres el Señor Jesucristo, pero no lo sabrás hasta que regreses al centro mismo de aquel que te envió a este mundo de infierno. Si no crees que esto es el infierno, lee los periódicos de la mañana. Están llenos de los acontecimientos de personas que no saben lo que hacen. Pero es necesario experimentar todos los golpes de la vida para despertar y expandir esa pequeña célula cerebral en la mente del soñador, que es Dios el Padre. Al contraerte, sales hasta el límite mismo del infinito, para regresar, expandido, al centro mismo de la mente del soñador, como el soñador mismo.
Un camino para tu regreso fue preparado antes de que el mundo existiera. Esto se hizo estableciendo a un hijo llamado David, el ungido, como se nos dice en el libro de Samuel. Después de que el Señor rechazó a todos los demás, David, el que cuidaba las ovejas, fue traído, y se le dijo al profeta Samuel: “Levántate y úngelo, porque este es” (1 Samuel 16:12-13). Entonces el espíritu de Dios vino con poder sobre David desde aquel día en adelante. Y en los Salmos, el Señor declaró: “Tú eres mi hijo; yo te he engendrado hoy… He hallado a David; lo he ungido con mi aceite santo. Él clamará a mí: Tú eres mi Padre, mi Dios y la roca de mi salvación” (Salmos 2:7; 89:20, 26).
Esto está implícito en el Nuevo Testamento cuando Pablo dijo: “Agradó a Dios revelar a su Hijo en mí” (Gálatas 1:16). Sin embargo, no dijo quién era ese hijo, y los sacerdocios del mundo han cambiado las Escrituras para hacerlas concordar con sus conceptos erróneos de la historia.
Jesús es la Imaginación despertada, que es Dios el Padre; y si él es Padre, debe tener un hijo. Su hijo es David, la suma total de su recorrido a través de la humanidad. Sabrás que tu viaje por la humanidad ha terminado cuando David se presente ante ti y te llame Padre. Él es el símbolo del Cristo, el ungido, un hombre conforme a tu propio corazón, que hizo toda tu voluntad.
En este mundo has hecho, estás haciendo y continuarás haciendo la voluntad del Padre; y créelo o no, lo haces en amor. Y cuando hayas terminado la obra que te propusiste realizar, regresarás como el Padre, para descubrir que todo fue un sueño. Este universo, que parece tan real, es un sueño. Somos soñadores eternos, soñando sueños no eternos. Al quedarte dormido, tienes la ilusión de un viaje maravilloso en el espacio, entrelazado con el tiempo; pero cuando el tiempo termine, despertarás para descubrir que nunca saliste de tu hogar eterno, que nunca naciste y que nunca has muerto, salvo en tu sueño.
Cuando el tiempo termine, el aliento del Ser divino soplará sobre ti. Despertarás dentro de esa tumba inmortal y saldrás para ver el simbolismo que fue preparado antes de que el mundo existiera. Al tomar en tus brazos al niño envuelto en pañales, verás aparecer una sonrisa celestial en su rostro, indicándote que tu viaje al mundo de la muerte ha terminado. Pero, como tus hermanos aún están dormidos, permanecerás aquí un poco más para alentarlos; porque todos están regresando, ya sea que apenas hayan comenzado su viaje o que ahora estén retornando. Aquellos de ustedes que están aquí ahora están regresando. Lo sé, porque nadie viene a mí si el Padre no lo llama, y yo y el Padre somos uno (Juan 6:44; 10:30). Habiendo regresado a mi Padre como el Padre, solo estoy atrayendo a aquellos que están regresando, para animarlos a continuar durante el poco tiempo que resta.
La historia de Cristo no es el aniversario de un niñito que nació físicamente hace dos mil años, sino la del nacimiento espiritual del individuo desde dentro. Esto te sucederá cuando llegue la plenitud del tiempo. Entonces enviará el espíritu de su Hijo a tu corazón, clamando: “Padre”. Si el espíritu del Hijo de Dios te llama Padre, ¿no eres tú entonces el que está soñando todo el sueño? Ha llegado el tiempo para que esta experiencia sea tuya, o no estarías aquí. Pero cuándo llegará ese momento no lo sé; solo tu Padre celestial lo sabe.
Hay en el hombre un temor peculiar e innato de que nunca encontrará al Padre. Esto es porque no sabe lo que está buscando. El hombre cree que es riqueza o seguridad, fama, o matrimonio y familia, cuando en realidad está buscando al Padre. Pero cuánto, cuán vasto y cuán severo es el sufrimiento antes de que lo encuentre y conozca al Padre, es largo de contar. Sin embargo, lo encontrará, pero solo a través de su Hijo. Podría decirte desde ahora hasta el fin de los tiempos que tú eres Dios Padre, pero para ti eso solo sería de oídas hasta que se experimente. Pero un día conocerás la verdad de mis palabras, porque el Hijo de Dios, David, te llamará “Padre”, y, extrañamente, conocerás esta relación con mayor certeza que cualquier otra cosa aquí en la tierra.
Ahora bien, aquí hay una declaración del capítulo 4 de Eclesiastés: “Vi a todos los vivientes que andan bajo el sol, y también al segundo joven que se levantará en su lugar. No tenía fin el pueblo, todos los que estuvieron antes de él; sin embargo, los que vendrán después tampoco se alegrarán en él. Ciertamente, también esto es vanidad y aflicción de espíritu” (Eclesiastés 4:15-16). Esta noche hay cientos de millones de personas a las que no les interesaría escuchar lo que tú has escuchado esta noche. Ellos son los que vendrán después. En el momento presente, preferirían tener un enorme diamante que valga un millón de dólares, o acciones y bonos que paguen buenos dividendos. Su hambre es por algún pequeño adorno, que se convertirá en cenizas, en lugar de la revelación del segundo joven, quien revelará su paternidad. Ciertamente, esto es vanidad y aflicción de espíritu.
En el capítulo 15 de la primera carta a los Corintios, Pablo habla de este joven como el segundo hombre, diciendo: “El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre es del cielo. Y así como hemos llevado la imagen del hombre terrenal, llevaremos también la imagen del hombre celestial” (1 Corintios 15:47,49). Me gustaría que lo hubiera llamado el segundo joven, en concordancia con Eclesiastés, pero en realidad no importa. Es el segundo ser, llamado el “Nuevo Hombre”, en quien todos aspiramos a convertirnos.
Sé que la sensación de la resurrección es la de despertar. Yo realmente desperté y me pregunté cuánto tiempo había estado ahí y quién me había puesto ahí. Blake lo explicó de manera tan hermosa en su poema “The Mental Traveler”:
“Viajé por una tierra de hombres,
una tierra de hombres y de mujeres también,
y oí y vi cosas tan terribles
como los errantes de la fría tierra nunca conocieron.
Porque allí el bebé nace en gozo,
aunque fue engendrado en terrible aflicción,
así como cosechamos con gozo el fruto
que sembramos con lágrimas amargas.
Y si el bebé nace siendo niño,
es entregado a una mujer anciana,
quien lo clava sobre una roca
y recoge sus gritos en copas de oro.”
Vi esto en el simbolismo del dios de Egipto con rostro de chacal, pero con manos, que lo clavaban. Me quedé sin aliento al observar el horror, y aun así él no tenía compasión, mientras desgarraba la espalda de su hijo y quitaba un área igual al área arrancada de la tabla. Esto ocurrió justo cuando comencé a servir a los que están muertos.
En el capítulo 4 del libro de Daniel se dio el decreto: “Sea cambiado su corazón de hombre, y le sea dado corazón de bestia” (Daniel 4:16). ¿No somos animales aquí en este mundo? El periódico de hoy ciertamente podría convencer a cualquiera de que lo somos. Esto es parte del horror que se va desplegando, porque el corazón y la mente de Dios fueron quitados cuando el árbol de la vida fue derribado. Entonces el corazón y la mente del animal fueron sustituidos hasta que uno encuentra al Padre; y cuando lo encuentras, descubrirás que nunca saliste de tu hogar inmortal. En el verdadero sentido de la palabra, nunca naciste y nunca has muerto, salvo en tu Imaginación.
Ahora entremos en el silencio.
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