A tus órdenes – Neville Goddard

Fecha de publicación: 1939


Por Neville:

Este libro contiene la esencia misma del Principio de Expresión. Si lo hubiera querido, me habría extendido en cientos de paginas pero de hacerlo habría contradecido el propósito de este libro.

Los decretos, para ser efectivos, deben ser lo más corto posible; el mejor decreto registrado de todos los tiempos se encuentra en la simplicidad de las palabras, “Y Dios dijo, ‘Hágase la Luz’”.

Manteniendo este principio te ofrezco a ti, el lector, en estas pocas paginas, la verdad tal y como me fue revelada.
Neville

A tus Ordenes

¿Puede el hombre decretar una cosa, y hacer que ocurra?. Sin duda que puede. El hombre siempre ha decretado aquello que ha aparecido en su mundo y está decretando lo que aparece y continuará haciéndolo mientras sea consciente de Ser Hombre. Nunca nada ha aparecido en el mundo del hombre sin que haya sido decretado por él mismo. Puedes negar esto, pero trata de desmentirlo, y no podrás hacerlo, pues el resultado de decretar se basa en un principio inmutable. Tú no ordenas que las cosas aparezcan en tu realidad por tus palabras o mediante afirmaciones audibles, Tales repeticiones banales, muy frecuentemente son confirmaciones de lo contrario. El decretar siempre se hace en la conciencia. Es decir, cada hombre es consciente de ser aquello que ha decretado para sí mismo. El hombre tonto sin usar palabras es consciente de ser tonto. Por lo tanto, él esta decretando a sí mismo ser tonto. (Nota de traducción: ‘dumb’ en ingles tiene los significados de ‘tonto’ así como de ‘mudo’, pero en este contexto Neville hace referencia al primer significado, dando a entender que alguien que siente no ser capaz de lograr algo, inconscientemente decreta ser ‘inútil’ o ‘tonto’, pues como Thomas Troward menciona: «Si crees que tu pensamiento es poderoso, tu pensamiento ES PODEROSO»).

Cuando la Biblia se lee bajo ésta perspectiva, descubrirás que es el más grande libro científico jamás escrito. En vez de mirarla como el registro histórico de una civilización antigua, o como la insólita biografía de Jesús, mírala como un gran drama psicológico que ocurre en la conciencia del ser humano.

Aprópiate de su significado, y súbitamente tu vida se transformará de atravesar los desiertos de Egipto a la tierra prometida de Canaan.

Todos seguramente estarán de acuerdo en el hecho de que todas las cosas fueron hechas por Dios, y que sin él nada de lo que está hecho hubiera sido; pero en lo que el Hombre no se ha puesto de acuerdo es en la identidad de Dios. Todas las iglesias y los pastores del mundo están en desacuerdo sobre la identidad y la verdadera naturaleza de Dios. La Biblia prueba, sin sombra de duda, que Moisés y los profetas estaban completamente de acuerdo en cuanto a la identidad y naturaleza de Dios. Y la vida y las enseñanzas de Jesús están de acuerdo con los descubrimientos de los profetas del Antiguo testamento. Moisés descubrió que Dios es la consciencia de ser del hombre, cuando declaró éstas poco entendidas palabras, “YO SOY me ha enviado a ustedes”. David cantaba en sus Salmos, “Estén quietos, y sepan que Yo soy Dios;”; Isaías declaró “YO SOY el Señor, y no hay ningún otro; Fuera de Mi no hay Dios. Yo te fortaleceré, aunque no me has conocido. Yo hago la luz, y creo la oscuridad; Yo hago la paz y creo el mal. Yo, el Señor, hago todo esto”.

La consciencia de ser como Dios es establecida cientos de veces en el Nuevo Testamento. Por mencionar algunas: “YO SOY el pastor, YO SOY la puerta; YO SOY la resurrección y la vida; YO SOY el camino; YO SOY el alfa y el omega; YO SOY el principio y el fin; “¿Quién decís que YO SOY?”.

El no dijo “Yo, Jesús, soy la puerta; Yo Jesús, soy el camino”, ni “¿quién dicen ustedes que Yo, Jesús, soy?”. Es claramente expresado “YO SOY el camino”. La consciencia de ser es la puerta a través de la cual todas las manifestaciones de la vida se plasman en el mundo de la forma.

La conciencia es el poder resucitador; resucita aquello que el hombre es consciente de ser. El hombre siempre está manifestando en la realidad aquello de lo cual tiene conciencia de ser. Esta es la gran verdad que lo hace libre, y en consecuencia el hombre siempre se encuentra auto-esclavizado, o auto-liberado.

Si tú, el lector, dejas a un lado todas tus viejas creencias sobre un Dios que está separado de ti, y aceptas que Dios es tu propia consciencia de ser, como Jesús y los profetas lo hicieron, transformarás tu mundo bajo el entendimiento de que “Yo y mi padre somos uno”. Esta aseveración, “Yo y mi padre somos uno, pero mi padre es más grande que yo”, parece ser muy confusa. Pero interpretada bajo la perspectiva que acabamos de establecer sobre la identidad de Dios, la encontrarás muy reveladora. La conciencia, siendo Dios, es como el padre. Lo que eres consciente de ser es el “hijo” dando testimonio de su padre. Es como el inventor y sus invenciones. El inventor es más grande que sus invenciones, pero permanece uno con ellas. Por ejemplo, antes de que seas consciente de ser un hombre, primero eres consciente de ser. Después eres consciente de ser un hombre. Aun así permaneces como el que concibe, más grande que tu concepción, de hombre.

Jesús descubrió esta gloriosa verdad y declaró que él mismo es uno con Dios, no con un Dios hecho a la manera del hombre. El nunca reconoció a éste tipo de Dios. Él dijo “si alguna vez alguien viene diciendo “Mira aquí o allí”, no le crean, pues el Reino de Dios está dentro de ustedes”. El cielo está dentro de ti. Por lo tanto, cuando se dice que “Él ascendió junto a su padre”, se quiso decir que él elevó su estado de conciencia al punto en que era solamente consciente de ser, trascendiendo así las limitaciones de su anterior conciencia de sí mismo, llamado Jesús.

En la consciencia de ser todas las cosas son posibles; él dijo, “decretarás una cosa, y se te cumplirá”. Este es su decreto, elevarse en la conciencia hasta la naturaleza de aquello que se desea. Como él lo expresó, “Y si yo fuere levantado, traeré conmigo toda la humanidad”. Si yo soy elevado en conciencia a la naturaleza misma de las cosas deseadas, traeré a manifestación lo deseado dentro de mí, pues él establece “Nadie puede venir a mi si no lo trae el Padre que me envió, y Yo y mi padre somos uno”. Por lo tanto, la conciencia es el padre que trae las manifestaciones de la vida hacia ti.

Tú estás en este preciso momento, trayendo hasta tu realidad aquello de lo cual eres consciente de ser. Ahora puedes ver el significado de “os es necesario nacer de nuevo”. Si no estás satisfecho con las expresiones actuales de tu vida, la única forma de cambiarlas es apartar tu atención de aquello que te parece real y elevar tu estado de conciencia a aquello que deseas ser. No se puede servir a dos amos; entonces, apartar la atención de un estado y ponerla en uno nuevo, es morir al primero y vivir para el nuevo.

La pregunta “¿Quién decís que Yo Soy?” no está dirigida a un hombre llamado “Pedro” por alguien llamado “Jesús”. Esta es una pregunta eterna dirigida por uno mismo a su propio verdadero ser. En otras palabras, “¿Quién dices que eres?” Pues tu convicción de ti mismo, tu opinión de ti mismo determinará la expresión de tu vida. Él dijo “Si ustedes creen en Dios, crean también en ”. En otras palabras, es el  dentro de ti quien es Dios.

Orar, entonces, es visto como reconocerte a ti mismo ser aquello que deseas, en vez de la forma de un ruego a un Dios que no existe respecto a lo que ahora deseas.

¿Puedes ver ahora por qué las millones de oraciones no reciben respuesta?. Los hombres oran a un Dios que no existe. Por ejemplo, tener la conciencia de ser pobre y rogar a Dios por riquezas, sólo producirá como recompensa aquello de lo cual se es consciente, o sea más pobreza. Para que las oraciones sean efectivas, deben ser más una afirmación en vez de un ruego. Si oras por riquezas, aparta tu atención del estado de pobreza negando la evidencia de los cinco sentidos, y asume la naturaleza de ser rico.

Se nos dice “Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”. Hemos identificado al “padre” con la consciencia de ser. Y también hemos identificado la “puerta” con la consciencia de ser. Entonces, “cerrar la puerta” es dejar fuera todo aquello de lo que actualmente tengo conciencia, y afirmarme a mí mismo ser aquello que yo deseo ser o tener. En el momento en que mi afirmación queda establecida al punto de la convicción, en ese mismo momento comienzo a atraer hacia mí la evidencia de mi afirmación.

No te cuestiones el como estas cosas aparecen, ya que ningún hombre conoce esas maneras. Es decir, nada manifestado conoce cómo las cosas deseadas han de aparecer.

La conciencia es el camino o la puerta a través de las cuales las cosas o circunstancias han de aparecer. Él dijo “YO SOY el camino”; no “Yo, ‘John Smith’, soy el camino», sino «‘YO SOY’, la consciencia de ser”, es el camino que conduce a la manifestación de las cosas y circunstancias. Los símbolos siempre están después, no antes. Las cosas no tienen otra realidad más que en la consciencia. Por lo tanto, alcanza primero la consciencia de ser del deseo, y lo deseado está forzado a aparecer.

Se nos dice “Buscad primeramente el reino de los cielos, y todo lo demás os será añadido”. Adquiere primero el estado de conciencia de las cosas que buscas y deja que las cosas ocurran por sí solas. Esto es lo quiere decir “decretarás una cosa, y se te cumplirá».

Aplica estos principios y sabrás lo que es “pruebame y ve”. La historia de María es la historia de cada ser humano. María no fue una mujer que dio a luz de manera milagrosa a alguien llamado Jesús. María es la consciencia de ser que siempre permanece en estado virgen, sin importar cuántos deseos del hombre haya dado a luz. Ahora mismo obsérvate a ti mismo como esta Virgen María, siendo impregnada por ti mediante el deseo, volviéndose uno con tu deseo hasta el punto de encarnar o dar a luz a tu deseo.

Por ejemplo: se dice de María (que ahora sabes eres tú mismo) que nunca conoció varón. Sin embargo, concibió. Es decir, que tú, cualquiera que sea tu nombre, no tienes ninguna razón para creer que tu deseo es posible, pero habiendo encontrado que tu consciencia de ser es Dios, haces de ésta conciencia tu esposo y concibes un niño (la manifestación) del señor, “Pues tu creador es tu señor; el señor de los ejércitos es su nombre; el señor Dios de toda la tierra, así será llamado”. Tu ideal o ambición es ésta concepción, y la primera instrucción a darle a ella, que ahora es a ti mismo, es “Ve, y no le digas a nadie”. Es decir, con nadie comentes tus deseos y ambiciones, pues lo más seguro es que los otros hagan eco de sus temores actuales. La discreción es la primera ley a observar para la realización de tus deseos.

La segunda ley, como se nos dijo en la historia de María, es “Magnificar al Señor”. Hemos identificado al Señor con nuestra consciencia de ser. Por lo tanto, “magnificar al señor” es valorizar o expandir el actual concepto de uno mismo hasta un punto en que esta valoración se vuelva natural. Cuando se alcanza esta naturalidad, das a luz llegando a ser aquello con lo que eres uno en tu conciencia.

La historia de la creación se nos da de forma resumida en el primer capítulo de Juan. “En el principio fue la palabra”. Ahora, éste mismo instante, es el “principio” mencionado. Es el principio de un deseo. “La palabra” es el deseo nadando alrededor de tu conciencia, buscando su manifestación. El deseo carece de realidad alguna, puesto que YO SOY o la consciencia de ser es la única realidad. Las cosas existen solo en la medida en que YO SOY consciente de ser ellas; por tanto, para realizar nuestros deseos, debemos aplicar la segunda parte del primer verso de Juan. Es decir, “Y la palabra estaba con Dios”. La palabra, o deseo, debe fijarse o unirse con la conciencia para que se vuelva una realidad. La conciencia se convierte en la conciencia de ser la cosa deseada, clavándose a sí misma en la forma o concepción, y dando vida en su concepción, o resucitando aquello que en el momento era un deseo muerto o no cumplido. “Dos se pondrán de acuerdo sobre cualquier cosa, y será establecida en la tierra”.

Este acuerdo no es entre personas. Es entre la conciencia y el objeto deseado. Tú eres ahora consciente de ser, por lo tanto realmente estas diciéndote a ti mismo, sin usar palabras, “YO SOY”. Ahora, si es un estado óptimo de salud el que deseas lograr, empiezas a SENTIRTE completamente saludable. Y en el instante en que el sentimiento de “YO SOY saludable” se logra, dos se han puesto de acuerdo. Es decir, YO SOY y salud han acordado ser uno y este acuerdo siempre resulta en el nacimiento de un niño que es el objeto del acuerdo, en éste caso, la salud. Y puesto que yo hice el acuerdo, yo expreso lo acordado. ¿Ves ahora por qué Moisés estableció “YO SOY me ha enviado”? ¿Qué otro ser, aparte de “YO SOY” podría enviarte su manifestación? Ninguno, porque “YO SOY el camino, delante de mí no hay nadie más”. Si tú tomas las alas del amanecer y vuelas a lugares indescriptibles o si estableces tu aposento en el infierno, aun así serás consciente de ser. Siempre eres puesto en expresión por tu conciencia y tu expresión es siempre aquello de lo cual eres consciente de ser.

De Nuevo, Moisés estableció “YO SOY el que YO SOY”. Ahora, aquí hay algo para que siempre lo tengamos presente. No se puede poner vino nuevo en odres viejos o parches nuevos en vestiduras viejas. Es decir, no puedes traer a tu nuevo estado de conciencia ningún aspecto del viejo hombre. Todas tus creencias, temores y limitaciones actuales son cargas pesadas que te amarran a tu actual nivel de conciencia. Si quieres trascender este nivel, debes abandonar definitivamente todo con respecto a tu concepto actual de ti mismo. Para hacer esto, aparta tu atención de todos tus problemas y limitaciones presentes e imprégnate de la sensación de ser. Es decir, di en silencio pero con mucho sentimiento, “YO SOY”. Que éste estado de conciencia sea totalmente incondicionado. Tan sólo declara que TÚ ERES, y continúa haciéndolo, hasta que quedes completamente perdido en la sensación de sólo SER, sin rostro, sin forma, sin condicionamientos ni relaciones. Cuando alcances éste estado de conciencia, entonces, dentro de ésta profundidad informe que ahora tienes, dale forma a la nueva concepción que quieres atraer a tu vida, SINTIENDO que ERES eso que deseas.

Encontrarás que, dentro de ésta profundidad informe de ti mismo, todas las cosas son divinamente posibles. Cualquier cosa en el mundo que puedas imaginar la puedes lograr u obtener, dentro de ésta conciencia informe e incondicionada, y de la manera más natural.

En las Escrituras se nos invita a “Ausentarnos por completo del cuerpo y estar presentes con el Señor”. El “cuerpo” es el viejo concepto de ti mismo; y el “Señor” la consciencia de ser. Esto es lo que Jesús quiso decir a Nicodemo: “Debes nacer de nuevo, pues a menos que nazcas de nuevo, no entrarás al Reino del Cielo”. En otras palabras: a menos que abandones por completo tu actual concepto de ti mismo y asumas la naturaleza del nuevo nacimiento, continuarás manifestando en tu realidad tus limitaciones presentes.

La única forma de cambiar las manifestaciones limitantes de tu vida es a través de un cambio de conciencia. Ya que la conciencia es la realidad que eternamente se solidifica a sí misma en las cosas y circunstancias que te rodean. El mundo del hombre es, en todos sus detalles, su conciencia proyectada y manifestada. Tratar de cambiar tus circunstancias externas sin antes cambiar tu estado de conciencia, es tan absurdo como tratar de modificar tu aspecto personal rompiendo el espejo en el que te miras. Tu entorno, y todo lo que hay dentro de él, refleja lo que eres en tu conciencia. Y en la medida en que sigas con tu estado actual de conciencia, continuarás proyectándolo en tu mundo.

Sabiendo lo anterior, comienza ahora mismo a revalorarte. El hombre se ha calificado a sí mismo con muy poco valor. En el libro de Números, leerás “en aquellos días había gigantes en la tierra; y nosotros éramos, en nuestro propio sentir, como saltamontes. Y a la vista de ellos, éramos como saltamontes”. Esto no se refiere a un tiempo remoto en el que había hombres con estatura de gigantes. Hoy es el día, el eterno ahora en que las condiciones que te rodean han alcanzado la apariencia de gigantes (falta de empleo, los ejercitos enemigos, tus problemas y todo aquello que parece amenazarte), y esos son los gigantes que te hacen sentir como pequeño saltamontes. Pero, tal como ha sido dicho, tu fuiste primero, en tu autoconcepto, un saltamontes, y a causa de ello, un saltamontes eres para los gigantes. En otras palabras, tú solo puedes ser para los demás aquello que primeramente eres para ti mismo. Entonces, revalorizarte tú mismo y empezar a sentirte un gigante, un centro de poder, es minimizar a los gigantes y hacer que ellos se sientan saltamontes. «Todos los habitantes de la tierra son como nada, y él hace según su voluntad en los ejércitos del cielo y entre todos los habitantes de la tierra; y nadie puede detener su mano, ni decirle: ‘¿Qué haces?’». Este ser de lo que se habla no es el Dios ortodoxo sentado en el espacio sino el único Dios: el padre eterno, tu conciencia de ser. Despierta al gran poder que representas, no como hombre, sino como tu verdadero ser, sin rostro, sin forma, y libre de tu propia prisión autoimpuesta.

“Yo soy el buen pastor y conozco mis ovejas y ellas me conocen. Mis ovejas oyen mi voz y yo las conozco y ellas me siguen”. La consciencia de ser es el buen pastor. Lo que Yo Soy consciente de ser es la “oveja” que me sigue. Tan buen pastor es tu consciencia de ser que nunca deja perder ni una de las ovejas de las cuales tienes conciencia de ser.

Yo soy una voz llamando en la naturaleza de la confusión humana por lo que soy consciente de ser, y nunca habrá un momento en el cual lo que soy consciente de ser falle en encontrarme. “YO SOY” es la puerta abierta para que todo lo que YO SOY ingrese. Tu consciencia de ser es el señor y el pastor de tu vida. “El señor es mi pastor, nada me faltará”, puede verse ahora a la luz de la verdad de quién es la consciencia de ser. Tú nunca deberías estar en falta de prueba o evidencia de aquello que eres consciente de ser.

Siendo ésta la verdad, ¿por qué no volverse consciente de ser grandioso, rico, saludable, y todos los atributos que admiras?.

Es tan fácil poseer la conciencia de estas cualidades como lo es de poseer sus contrarios, pues no tienes tu conciencia presente como resultado de tu mundo. Al contrario, tu mundo es lo que es a causa de tu conciencia presente. Simple, ¿verdad?. Demasiado simple para la mente humana que siempre trata de complicarlo todo.

Pablo dijo de éste principio, “es para los griegos (o la sabiduría de éste mundo), estupidez; y para los judíos (o los buscadores de señales), la piedra de estorbo”; con el resultado de que el hombre permanece andando en la oscuridad en vez de despertar al magno ser que él es. El hombre, que siempre ha adorado las imágenes de su propia creación, encontrará que ésta revelación es una blasfemia, ya que sus conceptos de un Dios aparte de sí mismo siempre pululan muerte. Esta revelación traerá el conocimiento de que “Yo y mi Padre somos uno, pero mi Padre es más grande que Yo”. Tú eres uno con tu actual concepto de ti mismo. Pero siempre eres más grande que aquello de lo cual eres consciente de ser.

Antes de que el hombre intente transformar su mundo debe afirmar la base – “YO SOY el Señor”. Es decir, la conciencia del hombre, su consciencia de ser es Dios. Hasta que esto sea firmemente establecido de manera que ninguna circunstancia ni sugerencia externa lo hagan estremecer, el hombre se hallará retornando a la esclavitud de las creencias anteriores. “Si no crees que YO SOY Él, morirás en tus pecados”. Es decir continuarás confundido y en estado de fracaso hasta que encuentres la causa de la confusión. Cuando hayas levantado al hijo del hombre, entonces sabrás que YO SOY él, o sea que ‘yo’, (cualquiera que sea tu nombre), ‘nada hago por cuenta propia, sino que lo hace mi padre’, o ese estado de conciencia con el que ahora soy uno es el que hace la obra.

Cuando se toma conciencia de lo anterior, cualquier necesidad o deseo que nace en el interior encuentra su expresión en el mundo externo. “Yo estoy a la puerta y llamo. Si algún hombre oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo”. El “Yo” que toca a la puerta es el deseo del hombre.

La puerta es tu conciencia. Abrir la puerta es convertirse en uno con aquél que está tocando, SINTIÉNDOSE uno mismo como ya siendo la cosa o circunstancia deseada. Sentir que un deseo propio es imposible de lograr es cerrar la puerta y negarle la entrada al deseo. Elevar el estado de conciencia hasta la naturaleza de lo que se desea, es abrir la puerta de par en par e invitar a entrar al deseo hasta su manifestación externa.

Por esto es que constantemente se nos recuerda que Jesús dejó el mundo de la manifestación y ascendió hasta su padre. Jesús, como tú o yo, encontraba que para “Jesús” nada era posible, como hombre. Pero habiendo encontrado que su padre era su estado de conciencia de las cosas deseadas, dejó a un lado su “conciencia Jesús” y elevó su estado de conciencia al de lo deseado y permaneció allí hasta hacerse uno con él. Y cuando se hizo uno con él, llegó a ser su expresión en la forma.

Este es el mensaje simple de Jesús para el hombre: los hombres sólo somos encarnaciones temporales del ser impersonal, YO SOY, la presencia que los hombres llaman Dios, mora dentro de nosotros. Los cuerpos tienen ciertas limitaciones. Para trascender esta limitaciones y poder manifestar aquello que, como hombre – (tu nombre aquí), eres incapaz de hacer, debes apartar tu atención de tus limitaciones actuales, o el concepto (tu nombre aquí) de ti mismo, y fundirte con el sentimiento de ser aquello que deseas. La forma como ésta nueva conciencia ha de manifestarse, nadie la conoce. Pues el nuevo estado de consciencia, tiene sus propias maneras las cuales desconoces; sus maneras no pueden descubrise. Nunca trates de especular o pensar en cómo tu nuevo estado de conciencia ha de ser encarnado, pues ningún ser humano es suficientemente sabio para saberlo. La especulación o la duda son pruebas de que en realidad no has alcanzado la naturaleza de lo que deseas, y esto te llena de temores sobre su realización.

Se nos dice: “el que carece de sabiduría, que la pida a Dios, quien da abundantemente, y sin reproche; y le será dada. Pero que pida sin ninguna duda, pues aquel que duda es como una ola del mar que es arrastrada y batida por los vientos. No piense pues, ese hombre, que recibirá cosa alguna del Señor”. Ya sabes porqué se ha hecho tal aseveración, pues sólo sobre la roca de la fe pueden los deseos establecerse con firmeza. Si no tienes la conciencia de lo que deseas, aún careces de la roca firme sobre la cual el deseo es construido.

Una prueba de esta conciencia firmemente establecida se nos da en las palabras “Gracias, padre”. Cuando llegas al gozo del agradecimiento en el grado en que te sientes agradecido por haber recibido lo que aún no es evidente a los sentidos, es muestra de que definitivamente has llegado a ser uno en conciencia con aquello por lo cual da las gracias. Dios, su consciencia de ser, no puede ser engañado. Tú siempre estás recibiendo aquello de lo que eres consciente de ser, y nadie da gracias por algo que no ha recibido. “Gracias, Padre”, no es, como se usa actualmente por muchos, una especie de fórmula mágica. No necesitas pronunciar en voz alta las palabras “Gracias, Padre”. Aplicando los principios que hemos aprendido, si realmente has elevado tu conciencia al nivel de ser uno con lo deseado, habrá en tu interior un sentimiento de gozo y agradecimiento, siempre interno, que no necesita la expresión hablada. Has aceptado el regalo que era tan solo un deseo antes de la elevación de tu conciencia, y tu fe es ahora la sustancia que ha de vestir a tu deseo.

La elevación de la conciencia es el matrimonio espiritual en el que dos acuerdan ser uno solo y su imagen y semejanza es establecida en la tierra.

“Todo lo que pidas en mi nombre te lo daré”. “Todo” es ilimitado. Es incondicional. No importa si la sociedad lo ve como algo bueno o malo, si lo has pedido, te será dado. ¿Realmente lo quieres? ¿Es ese tu deseo verdadero?. Esto es lo único necesario. La vida te dará todo lo que pidas “en su nombre”.

“Su nombre” no es una palabra que se pronuncie con los labios. Puedes pasarte la vida rogando en el nombre de Jesús, de Jehová, de Dios, y será en vano. “Nombre” quiere decir “naturaleza”. Así, cuando pides en la naturaleza de alguna cosa, el resultado siempre es asegurado. Pedir en el nombre de…, es elevar la conciencia y llegar a ser uno con lo deseado, elevar la conciencia a la naturaleza de lo deseado, y así serás la expresión de ello. Por lo tanto, “Todo lo que pidas en oración, creyendo que ya lo has recibido, lo recibirás”.

Orar, como lo hemos visto antes, es un reconocimiento, hecho en primera persona y en tiempo presente. Significa que debes estar en la naturaleza de lo pedido, antes de que lo puedas recibir.

Para entrar en la naturaleza de lo pedido fácilmente, se precisa de una “amnistía” general. Se nos ha dicho: “Perdona si tienes algo contra alguien, para que también tu padre, que está en los Cielos, pueda perdonarte. Mas si no perdonas, tampoco tu padre de los Cielos ha de perdonarte”. Esto parece ser dictaminado por un Dios personal que se complace o se disgusta con las acciones de los hombres, pero no es así.

La conciencia, siendo Dios, si mantienes en tu conciencia algo contra alguien, estás amarrando esa condición a tu mundo. Liberar al hombre de toda condenación es liberarte a ti mismo para que así puedas elevar tu nivel de conciencia. No hay, entonces, condenación a los que están en Cristo.

Una buena práctica, entonces, antes de entrar en tus meditaciones, es liberar mentalmente (y en sentimiento) a todo ser en el mundo de sus condenaciones. La ley nunca puede ser violada y puedes tener la seguridad de que todo concepto humano de sí mismo será recompensado. No tienes que preocuparte sobre si alguien recibe o no lo que crees que debería recibir. La vida no comete errores y siempre da al hombre lo que primero él se da a sí mismo.

Esto nos trae a uno de los predicamentos de la Biblia de los que más se ha abusado. El del diezmo. Predicadores de toda clase han esclavizado al hombre con su negocio del diezmo, por no conocer ellos mismos la naturaleza real del mismo, y estar con el temor de la escasez; así han llevado a sus seguidores a creer que es indispensable dar la décima parte de sus ingresos para el Señor. Y dicen que cuando uno da esa décima parte de los ingresos para la organización, se lo está dando al Señor (está diezmando). Pero recuerden, Yo Soy el Señor. Tu consciencia de ser es el Dios al que tú le das y siempre das de esta manera.

Cuando proclamas ser algo, has dado esa proclamación o cualidad a Dios. Y tu consciencia de ser, que no hace reconocimiento especial de personas, te devolverá en abundancia mayor, amasada, y desbordante, la cualidad o atributo que has reclamado para tí mismo.

La consciencia de ser es algo que nunca se puede nombrar. Proclamar que Dios es abundante; que es grande; que es el amor; que es sabio, es definir aquello que no puede ser nombrado. Porque Dios es lo que nunca puede ser mencionado (la palabra disminuye y limita).

Diezmar es necesario y tú diezmas con Dios. Pero de ahora en adelante, da al único Dios y ve como le das las cualidades tuyas que quieres manifestar en la tierra, sean salud, riqueza, abundancia, amor, sabiduría.

Nunca especules sobre cómo han de manifestarse estas cualidades o peticiones, porque la vida conoce maneras de las que tú, como hombre, no tienes ni idea. Todas sus maneras hacen referencia a lo manifestado en el pasado. Pero, te aseguro, el día en que reclames estas cualidades con total convicción, tus peticiones serán correspondidas. Nada de lo que hay escondido quedará escondido. Lo que se proclama en el silencio será voceado a viva voz. Esto es, tus convicciones secretas sobre ti mismo, esas que nadie conoce, cuando se creen verdaderamente, serán proclamadas desde los tejados de las casas, para que todos las conozcan. Pues tus convicciones sobre ti mismo son las órdenes de Dios en tu interior, palabras que son espíritu y no pueden retornar vacías sino que han de retornar multiplicadas a quien las envió.

Tú estás en este preciso momento llamando desde el infinito todo aquello de lo que eres consciente de ser. Y ninguna palabra ni convicción fallará en encontrarlo.

“YO SOY la vid y ustedes la ramas”. La conciencia es la “vid”, y las cualidades de las cuales eres actualmente consciente, son como “ramas” que tú alimentas y mantienes vivas. Así como una rama no vive a menos que esté arraigada en la vid, las cosas y circunstancias no viven a menos que tú las alimentes siendo consciente de ellas. Así como una rama se marchita y finalmente muere si la savia de la vid deja de fluir hacia ella, las cosas y circunstancias de tu mundo desaparecerán si dejas de poner tu atención en ellas, porque tu atención es la savia que las mantiene vivas y las sostiene en actividad de manifestación.

Para disolver un problema que hoy se encuentra en las apariencias de tu vida, todo lo que hay que hacer es quitar tu atención de él. Independientemente de lo que digan tus cinco sentidos, retira tu conciencia del problema. Sé indiferente y empieza a sentirte exactamente como te sentirías si la solución ya hubiera aparecido.

Por ejemplo, si estás en prisión, nadie tiene que decirte que desees la libertad. La libertad, o mejor, el deseo de libertad, nacerá espontáneamente. Entonces, quita tu atención del hecho de estar en prisión y comienza a sentirte libre. SIENTE hasta el punto en que sea algo natural, y las barras de la prisión se disolverán. Aplica este mismo principio a cualquier problema.

He visto a muchas personas que estaban endeudadas hasta las orejas aplicar los principios aquí expuestos, remover sus montañosas deudas en un abrir y cerrar de ojos. He visto a muchos desahuciados por sus médicos, apartar su atención del problema de salud y empezar a sentirse perfectamente bien sin importar las circunstancias externas, y de pronto retornando a estados óptimos de salud.

Tu respuesta a “¿Quién dicen ustedes que YO SOY?” siempre determina lo que se proyecta en tu vida. En la medida en que seas consciente de estar aprisionado o enfermo, o pobre, en esa medida continuarás experimentando esos estados en tu realidad.

Cuando el hombre se de cuenta de que él es ahora eso que está buscando y comience a proclamarlo con convicción, tendrá las pruebas de su clamor. La evidencia se da en las palabras, “¿A quién buscan?”, y ellos contestaron: “A Jesús”; él entonces les dijo. “Yo soy él”. “Jesús” aquí significa salvación o salvador. Tú estás buscando ser salvado de aquello que no es tu problema.

“Yo Soy” es quien te salvará. Si tienes hambre, tu salvador es la comida. Si estás en pobreza, las riquezas te salvan. Si estás en prisión, la libertad es tu salvador. Si estás enfermo, no serás alguien llamado Jesús quien ha de salvarte, sino la salud. Por tanto, clama “Yo Soy él”, o en otras palabras, clama que eres aquello que deseas. Clámalo en la conciencia, no con palabras, y la conciencia te retribuirá tu clamor. Se nos ha dicho “Me encontrarán cuando me SIENTAN”. Pues bien, SIENTE la cualidad en la conciencia hasta que SIENTAS que eres aquello que deseas. Cuando te pierdes en el sentimiento de ser tu deseo, la cualidad buscada se manifestará en tu mundo.

Tú eres sanado de tu problema cuando tocas la solución correspondiente. “¿Quién me ha tocado? Porque he percibido que la virtud ha salido de mí”. Sí, el día en que toques éste ser dentro de ti, SINTIENDO que has sido curado o sanado, las virtudes o cualidades correrán a través de tu ser y se solidificarán a sí mismas en tu mundo para tu beneficio y el de los demás.

Se ha dicho, “Si crees en Dios, cree también en mí, porque Yo Soy él”. Ten la fe de Dios. “El se hizo uno con Dios y no escatimó hacer las obras de Dios”. Ve y haz lo mismo. Sí, empiezas a creer en tu conciencia, en tu consciencia de ser, que es Dios. Reclama para ti todos los atributos que hasta ahora has atribuido a un Dios externo, y empezarás a manifestar esos atributos en tu vida.

“Porque Yo no soy un Dios lejano. Estoy más cerca de ti que tus manos y tus pies, más cerca que tu propia respiración”. Yo Soy es tu consciencia de serYo Soy es aquello en lo cual todo lo que tienes conciencia de ser ha de empezar y de terminar. “Porque antes de que el mundo fuera, YO SOY; y cuando el mundo haya dejado de ser, YO SOY; antes que Abraham fuera, YO SOY”. Este YO SOY es tu propia consciencia.

“A menos que el Señor sea el constructor, su labor será en vano”. “El Señor” es tu consciencia de ser. A menos que lo que buscas sea primero establecido en tu conciencia, tu búsqueda será en vano. Todas las cosas deben empezar y terminar en la conciencia.

Por lo tanto, bendito es el hombre que confía en sí mismo, pues la fe del hombre en Dios ha de medirse por su fe en sí mismo. Si crees en Dios, cree también en MI.

No pongas tu confianza en los hombres pues ellos reflejan el ser que eres, y pueden traer o hacer solo aquello que tú antes has hecho dentro de ti mismo.

Sin importar lo que le ocurra a los hombres en éste mundo, nunca es por accidente. Todo ocurre bajo la guía y directriz de exactas e inmutables leyes.

“Ningún hombre, viene a mí a menos que mi padre le envíe. Y Yo y mi Padre somos uno”. Cree en ésta verdad, y serás libre. El hombre siempre ha culpado a otros por aquello que es y le ha sucedido en la vida, y seguirá haciéndolo hasta que encuentre que él es la causa de todo. “YO SOY” no viene a destruir sino a cumplir. “YO SOY”, la consciencia de ser, que está en ti, nada destruye, sino que siempre llena a plenitud los moldes o conceptos que uno tiene sobre sí mismo.

Es imposible que el hombre pobre alcance la riqueza en este mundo sin importar lo que le rodee, hasta que él mismo se proclame SER la riqueza misma. Los símbolos suceden, no preceden. Luchar de una u otra forma constantemente contra las limitaciones de la pobreza mientras se permanece en un estado de conciencia de pobreza, es jugar un juego de tontos. Los cambios no pueden tener lugar a partir de ese estado de conciencia pues la vida permanentemente está manifestándose en todos los niveles.

Sigue el ejemplo del hijo pródigo. Date cuenta de que tú, tú mismo has producido tu condición de abandono y carencia y toma la decisión dentro de ti, de elevarte a un nivel en el cual las riquezas y comodidades te esperan por derecho propio.

No hubo condenación alguna para el hijo pródigo cuando él tuvo el coraje de reclamar su herencia para sí mismo. Los demás nos condenarán sólo mientras nosotros mismos nos sigamos condenando. Por lo tanto: «Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba». Pues en la vida nada es condenado. Todo es expresado.

A la vida no le interesa si tú te haces llamar rico o pobre; fuerte o débil. Ella eternamente te recompensará con lo que tú reclames como verdadero para ti mismo.

Las medidas de lo correcto o incorrecto pertenecen solo al hombre. Para la vida nada es correcto o incorrecto. Como dijo Pablo a los Romanos, “Sé y he sido persuadido por el señor Jesús que nada hay impuro en sí mismo, pero para aquel que tenga algo en estima de impureza, le será impuro”. Deja ya de preguntarte si eres es digno o indigno de recibir aquello que deseas. Tú, como hombre, no has creado el deseo. Tus deseos siempre son implantados en tu interior por aquello que ahora proclamas ser.

Cuando un hombre tiene hambre, automáticamente, sin pensar, desea alimentación. Cuando está en prisión, automáticamente desea libertad. Sus deseos contienen en sí mismos los planes para su auto-expresión.

Abandona entonces todos los juicios y eleva tu conciencia hasta el nivel de tu deseo y hazte uno con él, proclamando que eso ya es así. “Mi gracia te es más que suficiente. Mi fortaleza se perfecciona en tu debilidad”.

Ten fe en esta afirmación invisible hasta que en tu interior tengas la convicción total de que es verdad. Tu confianza en tu afirmación te recompensará con creces. Sólo un poco más, y lo deseado se ha de manifestar. Pero sin fe es imposible realizar alguna cosa. Fue por la fe que los mundos se estructuraron, pues “la fe es la sustancia de que están hechas las cosas que se esperan, la evidencia de las cosas aún no vistas”.

No estés ansioso o preocupado por los resultados. Ellos llegarán, tan seguro como el día sigue a la noche.

Mira tus deseos, todos ellos, como la palabra hablada de Dios, y cada palabra o deseo como una promesa. La razón por la cual la mayor parte de nosotros fallamos en realizar nuestros deseos es que constantemente les estamos poniendo condiciones. No los condiciones. Acepta las cosas como te llegan en el curso de la vida. Da gracias por ellos hasta el punto en que sientas de antemano la gratitud por haberlos recibido, y sigue con tus asuntos en paz.

Tal aceptación de tu deseo es como sembrar una semilla fértil en un terreno adecuadamente preparado. Pues cuando puedes dejar caer lo deseado en la conciencia, confiando en que aparecerá, has hecho todo lo que de ti se espera. Pero, estar preocupado o ansioso sobre el COMO tu deseo ha de madurar, es sembrar las semillas fértiles en un desierto mental y, por tanto, nunca dejarlas caer en el terreno de la confianza.

La razón por la cual los hombres condicionan sus deseos es que permanentemente están juzgando según la apariencia actual de las cosas y las ven tan reales, olvidando que la única realidad es la conciencia que hay tras ellas.

Ver las cosas tan reales es negar que todas las cosas son posibles para Dios. El hombre que está en prisión y mira sus cuatro paredes como su realidad, automáticamente niega el deseo de libertad que es la promesa de Dios implícita.

A menudo, cuando se hacen estas afirmaciones, surge una pregunta; si los deseos personales son regalos que Dios quiere hacernos, ¿cómo puedes decir que si alguien quiere matar a un hombre ese deseo es bueno y ha sido enviado por Dios?. En respuesta a esto, quisiera decir que en realidad ningún hombre quiere matar a otro. Lo que él desea es liberarse de él. Pero puesto que no cree que su deseo de liberación contiene en sí mismo el poder de liberarlo, él condiciona su deseo y halla que la única forma de expresar la libertad es destruyendo al hombre, olvidando que la vida siempre encapsula dentro de los deseos maneras que él, siendo hombre, no conoce. Sus maneras siempre se remiten al pasado. Así el hombre distorsiona los regalos de Dios por su falta de fe.

Los problemas son los montes de los que se dice que uno puede remover si tan sólo si tan solo se tuviera la fe del tamaño de un grano de mostaza. Los hombres tradicionalmente encaramos los problemas como aquella dama que, tras oír la predicación del sacerdote sobre el asunto “si tuvieres fe al menos del tamaño de un grano de mostaza, le podrías decir al monte “quítate de ahí” y él se quitaría”, se duerme en lo que ella pensaba era fe. Y a la mañana siguiente, tras abrir la ventana, ve el monte y exclama: “Sabía que esa vieja montaña seguiría allí”.

Y es que así es como los humanos encaramos los problemas, sintiendo que aún estarán presentes para confrontarlos. Y ya que la vida no discrimina entre personas y nada destruye, sigue manteniendo con vida aquello que está en la conciencia del ser.

Las cosas y circunstancias indeseables desaparecerán sólo en la medida en que el hombre haga un cambio en su conciencia. Niégalo, si quieres, pero nunca podrás demostrar lo contrario al hecho de que la conciencia es la única realidad y las cosas sólo sombras de lo que eres en tu conciencia. El estado celestial que estás buscando sólo lo podrás encontrar en la conciencia, pues el reino del cielo está en tu interior. Ya que la voluntad del cielo siempre se hace en la tierra, estás en éste momento viviendo en el cielo que tú mismo has establecido en tu interior. Pues ahora mismo en la tierra tu cielo se revela a sí mismo. El reino del cielo, en realidad, está a la mano. AHORA es el tiempo aceptado. Crea, entonces, un nuevo cielo, entra en un nuevo estado de conciencia y aparecerá una nueva tierra.

“Las cosas vejas pasarán. No serán recordadas ni vendrán a la mente nunca más. Porque, observen, Yo, (tu conciencia), vengo rápido y mi recompensa está conmigo”.

Yo Soy innombrable pero cargaré sobre mí cualquier nombre o naturaleza que nombras en mí. Recuerda que eres tú, tú mismo, el que habla como “mí”. En consecuencia, cualquier concepto que tengas sobre ti mismo, es decir, cualquier concepto profundo, es lo que se manifestará como realidad, pues YO SOY no engañado, Dios no es engañado.

Ahora, déjame instruirte sobre el arte de pescar. Se dice que los discípulos estuvieron pescando toda la noche y no atraparon nada. Entonces Jesús entró en escena y les dijo que echaran nuevamente sus redes en las mismas aguas en las que habían fracasado anteriormente, y esta vez las redes estuvieron repletas de peces.

Esta historia está teniendo lugar en el mundo actual dentro de ti, el lector. Pues tienes dentro de ti mismo todos los elementos necesarios para ir de pesca. Pero mientras no encuentres que Jesús Cristo, que es tu consciencia de ser, es el Señor, tu pesca será, como la de los discípulos, en la oscuridad de la noche humana. Es decir, saldrás a pescar COSAS pensando que las cosas son reales y lo harás con herramientas humanas, que requieren lucha y esfuerzo, tratando de contactar a éste o aquél; tratando de presionar a una persona o a otra; y todo éste esfuerzo será en vano. Pero cuando encuentres que tu consciencia de ser, es el Cristo Jesús, le dejarás a él dirigir la pesca. Porque tu deseo, cualquiera que él sea, será el pez que tú atrapes, ya que tu conciencia es la única realidad viviente y pescarás cada vez en aguas más profundas de la conciencia.

Si quieres alcanzar aquello que se encuentra por encima de tus capacidades actuales, debes ir hacia aguas mas profundas ya que, en tu baja profundidad de conciencia actual, esos peces no pueden nadar. Para ir a aguas mas profundas, debes abandonar todos tus problemas actuales, tus limitaciones, y apartar tu ATENCIÓN de ellos. Da por completo la espalda a todo problema y limitación que tengas ahora. Sumérgete en SER diciendo “YO SOY”, “YO SOY”, “YO SOY”, para tus adentros.

Sigue declarándote que simplemente ERES. No condiciones esta declaración, continúa SINTIENDO que ERES y sin aviso alguno te hallarás elevando el ancla que te amarraba a la sombra de tus problemas y moviéndote a mayores profundidades de conciencia.

Esto normalmente se acompaña con la sensación de expansión. Te sentirás como expandiéndote, como si estuvieras ahora mismo creciendo. No temas, se necesita coraje. No vas a morir a nada más que a tus limitaciones anteriores, esas limitaciones morirán y las abandonarás, pues ellas sólo viven en tu conciencia. En esta conciencia profunda o expandida te encontrarás con que es un poder que no habías soñado o imaginado anteriormente.

Las cosas y circunstancias deseadas antes de que abandonaras las riberas de la limitación son los peces que ahora pescarás en las profundidades de las aguas. Debido a que has perdido toda conciencia de barreras y limitaciones, ahora es de lo más fácil del mundo SENTIR que eres es uno con lo deseado.

Ya que YO SOY (tu consciencia) es la resurrección y la vida, debes sujetar este poder de resurrección que eres a las cosas y/o circunstancias deseadas si realmente quieres que aparezcan en tu experiencia de vida. Ahora, empieza a asumir la naturaleza de lo deseado a través de sentir “YO SOY saludable”, “YO SOY abundante”, “YO SOY libre”, “YO SOY fuerte”, etc. Cuando estos SENTIMIENTOS se establezcan con firmeza en tu conciencia, tu ser informe tomará para sí mismo la forma de lo sentido. Tú te “crucificas” en los sentimientos de salud, libertad, abundancia, prosperidad, fortaleza. Y permaneces “sepultado” en la quietud de esas convicciones. Luego, como ladrón en la noche, y cuando menos lo esperes, estas cualidades resucitarán en tu mundo como realidades vivientes.

El mundo te tocará y verá que eres de carne y sangre pues comenzarás a dar abundante fruto según las cualidades de las que ahora te has apropiado. Este es el arte de la pesca exitosa de las manifestaciones de la vida.

La realización exitosa de las cosas deseadas se nos cuenta también en la historia de Daniel en la jaula de los leones. Allí se dice que Daniel estando rodeado por los leones, les dio la espalda y alzó su mirada hacia la luz que venía de arriba; que los leones permanecieron impotentes y la fe de Daniel en Dios lo salvó.

Esta es también tu historia, y debes hacer lo mismo que hizo Daniel. Si te encuentras en una jaula de leones (tus problemas económicos, de salud, de relaciones), la lógica humana dice que no hay otra alternativa que estar pendiente de los leones, quizás ser devorado por ellos.

Daniel les dio la espalda y volvió su mirada a la luz, que es Dios. Si seguimos el ejemplo de Daniel, mientras estamos aprisionados por la escasez, las deudas, las enfermedades, démosle la espalda y hagámonos uno en sentimiento con lo que buscamos en la vida.

Si en nuestra conciencia le damos la espalda a los problemas y permanecemos en la fe, creyendo y sintiendo que ya somos aquello que deseamos, las paredes de nuestra prisión se abrirán y lo deseado, “cualquier cosa”, se realizará.

Otra historia tiene que ver con una viuda y tres medidas de aceite; el profeta le preguntó a la viuda “¿Qué tienes en tu casa?”. Ella contestó: “Tres medidas de aceite”. Él entonces le dijo: “Ve y pide vasijas prestadas. Cierra la puerta cuando hayas regresado a casa, y empieza a llenarlas”. Y, partiendo de tan solo tres medidas de aceite, ella llenó por completo las vasijas vacías, hasta más allá de su capacidad, derramando aceite que sobraba.

Tú, el lector, eres ésta viuda. No tienes un esposo que te impregne o te haga fructífera, pues una viuda está en un estado infértil. Tu consciencia de ser es ahora el Señor o profeta que se ha convertido en tu esposo.

Sigue el ejemplo de la viuda, quien en vez de reconocer su carencia o escasez reconoció ese algo, las tres medidas de aceite.

Después se le ordena “Entra y cierra la puerta”; es decir, cancela la evidencia dada por los cinco sentidos que te quieren advertir sobre deudas, carencias, problemas.

Cuando has retirado tu atención por completo cancelando la evidencia de los sentidos, comienza a SENTIR el gozo (simbolizado por el aceite), de haber recibido las cosas deseadas. Cuando se establece tal acuerdo en tu interior de manera que dudas y temores han desaparecido, entonces, también llenarás todas las medidas vacías de tu vida y tendrás en abundancia.

El reconocimiento es el poder que obra la magia en el mundo. Todos los estados que anteriormente has reconocido, los has encarnado. Lo que estás reconociendo como verdadero hoy en ti es lo que estás experimentando. Sé entonces, como la viuda, y reconoce el gozo, sin importar qué tan pequeño sea el reconocimiento al principio, y serás generosamente recompensado, con la magnificación de todo aquello que eres consciente de ser.

“YO SOY el Señor Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, y te apartó de la esclavitud; no tendrás otros dioses delante de mí”. ¡Qué gloriosa revelación, tu consciencia, ahora es revelada como Dios el Señor!. Vamos, despierta de tu sueño de estar en prisión. Date cuenta de que la tierra es tuya, “y por tanto la plenitud, el mundo, y todo lo que en él habita”.

Has estado tan atrapado en la creencia de que eres un hombre, que has olvidado el glorioso ser que eres. Ahora, con tu memoria restablecida, DECRETA que lo no visto aparezca y aparecerá, pues todas las cosas están obligadas para responder a la Voz de Dios, tu consciencia de ser – El mundo está A TUS ÓRDENES!.

FIN

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